EL MACHISMO Continuación

                               EL MACHISMO  Continuación                                          

En la sala hay una mesa en un rincón con dos ordenadores; rápidamente ambos han sido ocupados, casi a la carrera, porque no hay suficientes para los doce profesores que son:

—A ver cuándo tenemos un gesto y ponemos más ordenatas, caramba—dice uno bajito y flaco, con grandes gafas; es el profesor de Informática, que anda harto ya de no poder jugar todo el rato con un ordenador concreto; siempre ha de respetar los turnos.

—Los tengo pedidos hace dos meses, me prometieron que antes de acabar el curso…—dice el director—pamplinas, siempre prometen lo mismo, no me lo creo—replica el informático—bueno, calma, poco a poco, paciencia—contesta Gerardo, el director—sí, y una caña—opina el de Informática.

—Hay que tener paciencia, Luís, todo a su tiempo.

                                                       CONTINUARÁ

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EL MACHISMO

MACHISMO Continuación

Otro cambio de lugar y momento:

Pepita, no tardes mucho en volver, ya sabes que a papá no le gusta que llegues después de las ocho—sí, mamá, descuida—responde la aludida—pero José vuelve cuando quiere.

—José es un chico, Pepita, no lo olvides—responde la madre.

—Y tampoco se hace la cama nunca, tengo que hacérsela yo siempre; eso no es justo—empieza a protestar Pepita.

En ese momento entra el padre:

—Eso es trabajo de mujeres, ¿es que no lo sabes aún? ¿qué clase de educación le estás dando a mi hija, Pepa?

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UN LIBRO QUE HAY QUE LEER : «AROMA ÁRABE» de Salah Jamal

¿Os gusta leer? ¿Sois aficionados/as a la gastronomía? ¿Cocináis por obligación, o por afición? Yo lo hice siempre por obligación, hasta que un buen día, cuando ya era más que carroza, descubrí que me gustaba hacerlo. Y desde entonces incorporé la práctica culinaria a mi larga lista de «hobbys», caprichos, aficiones, juegos, distracciones, llamadlo como queráis.Hoy quiero comentaros aquí un libro que encontré hace algun tiempo. Es una obra de cocina, lleva por tanto sus recetas; pero también y sobre todo es un tratado de cultura árabe, escrito de forma muy amena y distendida. Su autor es una persona que hace muchos años que vive en Bcn y nos cuenta un poco de su historia y sus peripecias al llegar a darse de bruces con una cultura ajena; su gran capacidad de adaptación hizo que bien pronto se incluyera en el nuevo ambiente, demostrando que era inteligente y coherente. Porque aquella persona que se va a vivir a un lugar distinto, con costumbres, idioma, etc., etc., diferentes a lo suyo, y que sabe adoptar lo para él nuevo, es la que realmente triunfa. Y tiene la ventaja de poseer dos culturas, no una sola. ¿Me explico? Espero que sí.Pero vayamos al libro: ¿Queréis saber como se hace el famoso hummus, o el falafel, o el…? Leed este libro; es como una novela y muy distraído. Lleva vivencias, anécdotas personales, etc.¿Cómo se llama? «Aroma Árabe» y su autor es Salah Jamal, un dermatólogo e historiador palestino. No os lo perdáis. Recomendado al cien por cien.

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EL MACHISMO

EL MACHISMO CONTINUACIÓN

Pero nosotros/as cambiamos de escenario: nos hallamos en un domicilio particular, un piso sencillo de dos habitaciones:

—José, ¿quieres ayudarme con esto? Yo sola no puedo—voy cariño, un momento.

Y pasa un rato:

—¿Vienes o no? Se me está durmiendo la mano, esto pesa mucho—dice ella.

—¡Ya voy, diantre! ¿Es que no puedes esperar ni un momento? Van a meter gol y me lo perderé.

SEGUIRÁ

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EL MACHISMO CAPÍTULO III

                               EL MACHISMO  Continuación

                                            CAPÍTULO  III

En la sala hay una mesa en un rincón con dos ordenadores; rápidamente ambos han sido ocupados, casi a la carrera, porque no hay suficientes para los doce profesores que son:

—A ver cuándo tenemos un gesto y ponemos más ordenatas, caramba—dice uno bajito y flaco, con grandes gafas; es el profesor de Informática, que anda harto ya de no poder jugar todo el rato con un ordenador concreto; siempre ha de respetar los turnos.

—Los tengo pedidos hace dos meses, me prometieron que antes de acabar el curso…—dice el director—pamplinas, siempre prometen lo mismo, no me lo creo—replica el informático—bueno, calma, poco a poco, paciencia—contesta Gerardo, el director—sí, y una caña—opina el de Informática.

—Hay que tener paciencia, Luís, todo a su tiempo.

                                                       CONTINUARÁ

SIGUE EL MACHISMO

EL MACHISMO  Continuación

 ¡Y casi todas, Gerardo, no lo olvides! — Esto lo dice Ana, la que discutía con el tal Gómez.

—Perdón, señorita profesora, no lo volveré a hacer más…

La aludida se contiene para no pegarle una bofetada a ese director tan estúpido:

—¿Habrase visto? Pues no se chotea de mí encima el muy…”—Piensa ella, mientras se contiene para no contestar de otra manera—estos tíos son cavernícolas, y no lo pueden disimular, menudo ejemplo para la juventud que tienen que dar cada día en clase.

                                          SEGUIRÁ

EL MACHISMO

EL MACHISMO   Continuación del capitulo II

—Oye, Gómez, no empecemos—le dice Ana, una colega alta, delgada y vestida con sencillez—si lo que quieres es hacerme enfadar, lo tienes claro; no voy a acudir al trapo.

—Haya calma, muchachos—interviene un tercero, este más joven que el primero y con una amplia barriga de buen bebedor.

—Es que siempre estamos en las mismas—dice ella, Luisa, la profesora de Matemáticas.

—Bueno, es verdad—interviene aquí otra compañera, que va cargada de libros—este Juan no hace más que meterse con nosotras, ya está bien.

En ese momento entra el director, hablando con la profesora de Latín:

—Sí, tienes razón, lo haremos así; deja que lo comente ahora que estamos casi todos—

CONTINUARÁ

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EL MACHISMO CAPÍTULO II

“ SITUACIONES Y HECHOS “

En este relato asistiremos sin ser vistos ni oídos por nadie a algunas escenas de la vida cotidiana, de las que pasan por doquier en cualquier momento:

Estamos en la sala de profesores de un instituto de secundaria, en la hora del recreo; van llegando los/as profesores/as y se van instalando alrededor de la mesa. Y surgen los distintos diálogos:

—¿Igualdad de géneros? ¿Y eso qué es? ¿Tiene algo que ver con la compraventa? —pregunta un tipo calvo, con gafas y un amplio bigote que parece un rastrillo. Va vestido con pantalones de pana y lleva una camisa a cuadros bastante llamativa. Del bolsillo de la pechera asoman dos bolígrafos.

CONTINUARÀ

EL MACHISMO

CAPÍTULO I

¿ERES MUJER?

Bueno, pues ya estamos con uno de mis temas favoritos, porque soy un hombre y por eso considero que la mujer y el hombre deben tener los mismos derechos, oportunidades, ventajas, y obligaciones. ¡Sin excusas!

Aquí podéis ponerle música de tango, si queréis; pero esa creo que es la verdad fundamental. Nada de pormenorizar, de aterciopelar, de esconder la verdad. Las cosas son como son y punto. Porque cuando se toca tanto un tema, por algo será.

Artistas, sabios, científicos, pintores, escultores ¿siempre hombres? ¡Ni hablar! A pesar de los impedimentos y las grandes dificultades que han tenido por ser mujeres, ha habido grandes personajes históricos, mujeres ¡Sí, mujeres!

 No voy ahora a entrar aquí recordando a tantas y tantas féminas ilustres, porque excedería los límites de este relato. Solo un ejemplo: la gran pintora Lavinia Fontana (siglo XVI).

Desgraciadamente, el machismo es una costumbre arcana y feroz; toda la historia está llena de muestras de ello; la mujer siempre ha estado supeditada al hombre, de una manera u otra. Ayudando a su pareja, dando ella un paso atrás.

Los filósofos más famosos que ha habido eran misóginos casi todos. Y actualmente intentamos desprendernos de esta tara, pero cuesta mucho. Es cuestión de educación. Hay chicas jóvenes que piensan que su marido es muy moderno, porque “las ayuda mucho en la casa”. Y digo yo:

—Tu marido no tiene por qué ayudarte en eso, porque es un trabajo de él, tanto como tuyo, ¿no lo entiendes?  ¿me explico?

SEGUIRÁ

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MIS RELATOS

«VERBENAS»

Las verbenas de mi pueblo: la fiesta mayor, San Pedro, San Juan…¡Cómo disfrutábamos, nos lo pasábamos muy bien. Yo ahorraba todo el año para tener dinero que gastar en esas fechas especiales.

Se montaban muchas atracciones, caballitos, cestas voladoras, aviones, coches de choque, tómbolas, máquinas para probar la fuerza, casetas de tiro con perdigones… Había para todas las edades.

Venían uno o dos días antes de empezar y se instalaban en un santiamén; era gente que vivía de eso, feriantes ambulantes, y estaban acostumbrados a poner y quitar rápidamente sus máquinas.

Recuerdo una de ellas que era una gran barca que se columpiaba; cogías unos mareos de aúpa, pero era muy divertido.

Y también una especie de tambor gigante centrifugador; giraba tan rápido que te quedabas pegado a su pared circular; de este también salías dando tumbos.

Además había un adivino que te leía el futuro por cindo pesetas. Sí, pesetas, porque el euro no estaba inventado.

Y lo más genial: un circo, con leones y elefantes. Era el plato fuerte; hacía dos funciones, una de tarde y otra de noche. Los trapecistas me gustaban más que los payasos.

En los coches de choque yo era el as, el mejor. Siempre me dedicaba a proteger a las chicas y golpear a los que se metían con ellas. Los catorce años son peligrosos en verdad.

Venían vendedores de chucherías, desde pipas o altramuces hasta manzanas caramelizadas de color rojo y pan de azúcar.

Y había baile; la primera vez que me atreví a sacar a bailar a una chica no la olvidaré nunca; no nos miramos en todo el rato; sentíamos ambos demasiada vergüenza; éramos unos pobres tontos inocentes…

A veces había alguna pelea, siempre por asuntos de faldas; unos chulos que se querían aprovechar no faltaban nunca; y mis amigos y yo interveníamos y les zurrábamos si no se marchaban.

Sí, había de todo en esas fiestas; también había quien se  dedicaba a beber sin freno y acababa borracho como una cuba. Por suerte, siempre estaba la ambulancia del pueblo allí, preparada para atender cualquier necesidad médica urgente.

Y como todo ese rollo de la informática, los móviles, etc., etc., no existía, éramos mucho más felices que ahora. Por lo menos cuando íbamos por la calle mirábamos al frente, no necesitábamos ir hablando con una caja, sin mirar por donde vamos, ni con un chisme con ruedas y motor, igual que un coche. Y nos pasábamos muchas horas al aire libre, no como esos desgraciados que no dejan su ordenador, o la play-station, o la máquina que sea, ni a tiros, los pobres. ¡Pena me dan! Aunque puede que a pesar de todo también se lo pasen bien; yo, desde mi silla de ruedas, poco puedo hacer; nada más que mirar y gruñir. En fin…

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