EL MACHISMO

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Otro momento y lugar:

—Lo siento mucho, señorita, pero la empresa ha sido un factor determinante, tiene problemas y se ve forzada a reducir personal—lo entiendo, jefe, pero yo llevo veinte años trabajando aquí a plena satisfacción y en cambio ese chico nuevo que llegó hace dos semanas y al que le enseñé todo lo que debía hacer, se queda; no lo echan, ¿puede decirme por qué? ¿Con qué criterio se ha llevado el tema?

—No soy yo quien decide esas cosas; por mí se habría quedado usted con nosotros hasta su jubilación, pero la junta directiva lo ha decidido de esa manera y no hay réplica posible. Parece que la edad ha sido un factor determinante.

—Como usted sabe, yo tengo treinta y dos años solamente, jefe…

—Sí, pero los de arriba quieren tener más hombres en la plantilla.

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Porque tú Juan, cuando vas al lavabo debes manchar lo tuyo, ¿no? Y vuestra cama la hacéis siempre los dos en equipo? ¿Y la ropa sucia? ¿Y los platos idem? ¿Y quién barre siempre? ¿Y quién friega? ¿Y quién hace la compra? ¿Y quién decide lo que hay que comprar de comida, etc., para cada día? ¿Sigo?

Y añade: —Tú Teresa, estás muy equivocada al decir que tu marido te ayuda mucho. Porque él no tiene por qué ayudarte en nada de todo eso, porque es trabajo suyo tanto como tuyo. O sea que de moderno, nada. Al contrario, es un aprovechado oportunista y te está tomando el pelo.

Aquí más vale que cambiemos de ambiente, por si las moscas:

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EL MACHISMO continuación

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—Sí, claro, me explicaré: a ver, si los dos vivís en el mismo piso, trabajando ambos fuera de casa, en vuestro hogar tenéis las mismas obligaciones, sin distinción.

—¿Cómo? — salta Juan.

—¡Déjale acabar, hombre! —le dice Teresa.

—Si me dejas os lo diré, sino…

—Sí, sí, por favor; anda, Juan, siéntate, no seas borde como siempre—insiste Teresa.

—Es muy sencillo, las responsabilidades del mantenimiento de vuestra casa son cosa de los dos, por un igual.

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—Bueno, pues os comunico que os equivocáis de medio a medio. Decir que tú Juan eres muy moderno, cuando resulta que en realidad no eres más que una especie de hombre de las cavernas reciclado—explica Jaime.

El marido se levanta y se dirige hacia Jaime, aparentemente con malas intenciones. Su mujer le detiene:

—¡Quieto, Juan, calma! — dice un poco asustada; seguro que no te quería insultar Jaime; debe de haber alguna razón. Explícate, Jaime, por favor.

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CAPÍTULO  V

—Pues veréis, tú eres tonta; y él es un listo aprovechado—explica Jaime.

—¿Cómo? —dice el marido.

—¿Qué? — pregunta su mujer.

Los dos se muestran muy sorprendidos y ofendidos; consideran un insulto lo que ha dicho Jaime.

—Tranquilos, no os pongáis nerviosos, que os lo explico: tú, Teresa, trabajas en el super ocho horas al día, ¿no? —sí—dice ella.

—Y tú, Juan, en la oficina lo mismo, ¿verdad? — ¡Pues claro! —replica Juan, cada vez con más aire de enfadado.

CONTINUARÁ

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EL MACHISMO CONTINUACIÓN

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—Sí, claro, —dice ella—me ayuda mucho en la casa: mete los platos en la máquina, barre, alguna vez incluso friega, pone la mesa…

—A ver, contesta el otro: ¿qué quieres decir con eso de que te ayuda mucho? ¿Qué barre, friega, pone la mesa…?

—¡Sí, claro! — Dice ella, algo mosqueada.

—¿No oyes bien? ¿acaso eres sordo? —exclama el marido, picado ya.

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                                          SIGUE MACHISMO Tras la pausa navideña

Veamos ahora otra instantánea:

En un café hay un grupo de personas jóvenes sentadas a una mesa de la terraza; son seis en total, entre chicas y chicos:

—Pues mi marido es muy moderno y muy considerado—está diciendo una joven bien vestida, con un traje color azul cobalto y luciendo una espesa melena color castaño.

—¿Sí? ¡ Qué suerte tienes, porque el mío es de los antiguos, es muy conservador. Claro, estuvo muchos años en el seminario de los curas y le dieron una educación muy clásica.

Aquí interviene otro del grupo, un tal Jaime:

—¿De verdad es muy moderno tu marido, ahora que no nos oye? — Está bromeando, porque el aludido está presente, junto a su mujer.

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—También es mi hija, no lo olvides, y la educo como quiero, faltaría más…El hombre le da un fuerte bofetón a la mujer, diciendo:

—No me repliques, estúpida, y tráeme una cerveza.

Ella, dolorida y humillada, retrocede unos pasos—eres un animal—¿quieres más? —dice él—venga, no me hagas enfadar, mi cerveza que estoy cansado; he trabajado mucho hoy, como siempre—dice el marido. Ella obedece, teme una segunda bofetada de su hombre.

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Otro cambio de lugar y momento:

Pepita, no tardes mucho en volver, ya sabes que a papá no le gusta que llegues después de las ocho—sí, mamá, descuida—responde la aludida—pero José vuelve cuando quiere.

—José es un chico, Pepita, no lo olvides—responde la madre.

—Y tampoco se hace la cama nunca, tengo que hacérsela yo siempre; eso no es justo—empieza a protestar Pepita.

En ese momento entra el padre:

—Eso es trabajo de mujeres, ¿es que no lo sabes aún? ¿qué clase de educación le estás dando a mi hija, Pepa?

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EL MACHISMO CONTINUACIÓN CAPÍTULO IV

EL MACHISMO CONTINUACIÓN   CAPÍTULO   IV

Pero nosotros/as cambiamos de escenario: nos hallamos en un domicilio particular, un piso sencillo de dos habitaciones:

—José, ¿quieres ayudarme con esto? Yo sola no puedo—voy cariño, un momento.

Y pasa un rato:

—¿Vienes o no? Se me está durmiendo la mano, esto pesa mucho—dice ella.

—¡Ya voy, diantre! ¿Es que no puedes esperar ni un momento? Van a meter gol y me lo perderé.

SEGUIRÁ

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