MARGARET MEAD

Margaret Mead, una gran antropóloga cultural que se fue a vivir a unas islas del Pacífico, para estudiar a sus gentes. Las islas Trobrian. Aprendio el idioma y se centró en conocer toda su cultura, costumbres, juegos, pasiones…Y el resultado de su trabajo lo publicó. Si alguien tiene curiosidad por conocer como vivía, como era uno de estos pueblos, le aconsejo mucho que busque lo que escribio Margaret Mead y le aseguro que pasará un buen rato. Es una autora clásica muy famosa, y la encontraréis en todas las bibliotecas que se precien.

Sólo un ejemplo: cuando una pareja se unía, digamos se casaba, quien llevaba la voz cantante era más ella que él. Si tenían hijos/as, hacía de tutor y los criaba un hermano de él; en ese caso el marido pasaba a un segundo papel, haciendo la vez de una especie de tío, en vez de padre.

En general, en muchas islas del Pacífico y del Índico había culturas matrilineales, no patrilineales como las occidentales que conocemos mejor. O sea, que la descendencia del patrimonio familiar se transmitía por las mujeres, no por los hombres.

Si miráis en internet: «Margaret Mead fotos», veréis muchas imágenes suyas auténticas. Y comprobaréis que nada más mirarla se podía apreciar que era inteligente y trabajadora. No hace fala que yo me ponga a colgar ahora esas fotos. Quien quiera, ya sabe…

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ESOS VERANOS FELICES

ESOS VERANOS FELICES…ELVERANODEMIVIDA

¡Los mejores veranos de mi vida! Yo, que vivía en una ciudad grande como Torino, iba con mi familia a un pueblo de unos mil quinientos habitantes, cuyo nombre no citaré, para no herir susceptibilidades.

Era un cambio brutal, de veras. Pasar de vivir en un barrio residencial urbano de clase media alta, a hacerlo durante tres largos meses

 ( algunos años cuatro) en un pueblo como ese. Claro que hay que decir que de eso hace ya muchos años; eran los  cincuenta y un sitio como aquel era muy distinto de la gran urbe donde nací.

Era donde vino al mundo mi padre; claro que él de chaval estudió y como era inteligente y voluntarioso, despegó y casi no volvió a su lugar de infancia. Íbamos toda la familia, pero mi progenitor se quedaba en la ciudad, trabajando; de Rodríguez, como se decía entonces. Tenía que hacer muchas horas extras para podernos mantener.   Pero me parece que eso lo utilizaba como excusa para no ir con toda la tribu.

San Gob…era un villorrio muy, digamos, natural, auténtico; por él parecía que no había pasado el tiempo. Los que si pululaban cada día eran los burros, los caballos, las ovejas y las cabras. Y algún que otro cerdo que pasaba por allí…Sin olvidar las terneras.

Animalitos; y claro, iban dejando sus recuerdos en forma de excrementos. Había toda una tipología de ellos, repartida convenientemente por las calles y plazas. Grandes, pequeños; a destacar los que regalaban las numerosas vacas que vivían en el lugar; popularmente conocidos como catalinas, por cierto. Vete a saber por qué; es como la mayor parte de cosas que se dicen, que nadie sabe cómo se originaron; y quedan sumidas en el terreno de la leyenda.

Claro que para un niño como yo, de cinco años, el cambio era brutal. Yo, que siempre he sido muy curioso, encontraba interesantísimo ese lugar. Y lo era, de verdad. Como estaba en mitad de un cruce de carreteras (o caminos, según se vea) en él había momentos mágicos, como los días de mercado.

Sí, en esas ocasiones la población aumentaba considerablemente, porque de todas las casas de campo que había alrededor, la gente bajaba al mercado; eso pasaba una vez por semana, exactamente los sábados.

 Y el pueblo se llenaba de personas que caminaban tranquilamente por sus calles. Iban mudados, como de domingo; para ellos era una especie de fiesta bajar al pueblo.

No eran ciudadanos, por tanto lo que hacían era pasear; tenían tiempo de sobras; no les hacía falta correr; no estaban estresados como quien vive en la ciudad. Realizaban sus negocios en un ambiente ameno.

Llegaban en sus carros, cabalgando mulos, caballos…o a pie sencillamente. Y se dedicaban sin prisas a lo que habían ido a hacer. Sobre todo charlar entre ellos; era gente muy amable y acogedora, no como la de la ciudad. Se saludaban contentos, y se preguntaban por la familia, por los hijos…

Iban a las tres panaderías que había con un saco de esparto grande para meter los cinco o seis panes de dos kilos que compraban para toda la semana. Años atrás, todos tenían un horno en sus casas, y se hacían ellos mismos este alimento tan imprescindible. Pero con la modernidad, ahora preferían comprarlo en la tienda.

Había cuatro herrerías, que trabajaban sin descanso todos los días de la semana, excepto el domingo, porque sino el cura se enfadaba y los regañaba. Arreglaban herraduras, las cambiaban, etc. Y hacían verdadero trabajo de forja, moldeando el metal con maestría. También reparaban los carros, que eran de madera, claro, y llevaban unas ruedas del mismo material, con unos aros de refuerzo alrededor, como una especie de llantas.

Como los caminos eran bastante malos, y las escasas carreteras igual, a menudo se rompía alguna pieza y había que repararla. Siempre había carros aparcados en esos talleres. En realidad estaban por todas partes, circulando o aparcados por todos lados.

Y hablando de los excrementos que ocupaban todas las calles, ningún problema. Siempre había gente recogiéndolos con una paleta o con las manos. Se lo llevaban a casa, lo dejaban secar unos días y lo usaban para encender el fuego, o la estufa si era invierno. Si lo cogían durante los meses de calor, lo guardaban hasta que venía el frío.

¿Miseria? Sí, desde luego, la postguerra fue muy dura para casi todos; solo algunos privilegiados lo pasaron bien. Pero corramos un tupido velo sobre eso, mejor…La segunda guerra mundial hacía poco que había acabado y Europa intentaba recuperarse con los préstamos que los USA facilitaba.

El continente estaba físicamente destruido y había que rehacerlo. En eso, los únicos que hicieron el gran negocio fueron los USA; era lo mismo que hicieron tras la primera guerra mundial. Vamos a correr aquí otro velo y esperemos que sea muy tupido…

Yo veía maravillado toda esta actividad comercial del lugar. Miraba cómo el veterinario, toda una autoridad, ponía inyecciones a los mulos, con una enorme jeringuilla.

—¿No les duele? —Le preguntaba yo—No, tienen la piel muy dura y para ellos es como si les picara una mosca. Eso me sorprendía, porque las inyecciones a mi me daban pánico; y me costaba entender eso.

Mis padres alquilaban una casa todo el verano; era muy grande; tenía dos pisos, una buhardilla y una bodega. Y toda la planta baja estaba ocupada por cuadras; y es que en aquellos años, quien tenía animales, tan necesarios para los trabajos del campo, los guardaba en su vivienda, en los bajos.

En realidad toda la población tenía un olor específico, distinto del que despide el cemento de la ciudad. Fue una experiencia interesantísima; tuve vivencias que me marcaron mucho y que nunca olvidaré. No había ninguna piscina, claro; pero sí un buen río, bastante caudaloso. Era una delicia hacer de Tarzán saltando de los árboles al agua y buceando.

Actualmente tengo una casa allí, que compré cuando acabé la carrera; y al jubilarme me instalé en ella.

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RECUERDOS ESTIVALES

RECUERDOS ESTIVALES..ELVERANODEMIVIDA

—Aquellos veranos…Hace ya, ¿cuánto tiempo?

—Mucho, mejor dejarlo.

—Pero estaban muy bien, Antonio.

—Tienes razón, Pedro, pero es que me da pena el pensar que eso ya no volverá; que nunca más seremos tan felices como entonces.

—Tampoco exageres, hombre; eres un quejica.

—Tengo toda la razón; mira, ¿cuánto tiempo hace que no salimos de juerga? No nos queda ya ni humor para ir a tomar unas cervezas al bar de la esquina.

—Bueno, bueno, habla por ti, porque yo…Además, hace demasiado calor.

—¡Tú, tururu! Mucha boca y poca chicha; siempre estás fardando, que si tú, que si esto, que si aquello…y total, en realidad nada de nada, como yo.

—Yo me conformo con lo que hay, me adapto a las circunstancias.

—Ya, menuda excusa más tonta.

—Hay que estar al día; no puedes pretender funcionar como si tuvieras quince años.

—Hombre, tanto como eso no, pero…

—Ni peros ni nada; aprende a vivir de una vez y deja de quejarte ya, corta ese rollo.

—Sí, sí, rollo; pero mira cómo estamos; aquí sentados, aburridos; y como no te gusta jugar al ajedrez, yo solo no puedo hacerlo.

—Pues cómprate un ordenador y aprende a usarlo; le puedes meter un programa para jugar a lo que sea. ¿Ajedrez?  El ordenador juega contigo.

—¿Cómo? ¡Anda ya! Eso no te lo crees ni tú.

  • ¡Que sí, hombre, que sí; y esos juegos tienen varios niveles de dificultad, para que, sepas lo que sepas, puedas jugar como si fuera una persona que tuvieras delante.

—¿De veras? Oye, pues no es mala idea, ¿cuánto cuesta un ordenador de esos?

—Creo que hay muchos precios, depende de la marca. Los mejores son muy caros, pero hay otros mucho más baratos.

—No sé si llegaré yo a eso.

—Lo puedes comprar a plazos, como el televisor.

—¿Sí?

—Oye, ¿tú en qué mundo vives? ¿No miras la tele?

—No mucho, la verdad.

  • Ya se nota. Pues mira los anuncios sobre todo y verás.

—Tengo prohibido que en mi buzón metan propaganda.

— Pues haces mal, porque por correo nos llegan siempre muchos anuncios, ¿No ves que les interesa vender a los comerciantes? Viven de eso. Y te inundan de ofertas.

—Pues no sé; también tú me podrías pasar alguno de ellos que te llegue.

—¿Y qué más? ¿Lo quiere con café o con te el señor?

—Tampoco hay que ponerse así, caramba. Por un favor que te pido…

—¿Un favor? Siempre estás igual, menuda jeta tienes. Bueno, me voy que es tarde y mi hija se pone nerviosa si no llego pronto. Hasta otro rato.

—¡Ve con Dios, hombre! Ah, y sobre todo ve por la sombra, que con este calor te asarás de aquí a allá.

—Vale, no me acompañes, ya cerraré yo, adiós.

—Adiós.

Era el mes de agosto y llevaban unos días brutales de sequía. ¿Días? En realidad meses; normal en una tierra mediterránea como esa, Alicante; el pueblo estaba en el interior y la influencia del mar les llegaba poco.

Dos días más tarde, los dos amigos se encuentran de nuevo en el mismo lugar.  Antonio es un tipo bajo y grueso y luce un gran bigote; viste con camisa corta y pantalones de verano. Pedro es más alto y lleva una ropa parecida; flaco como un hueso, parece don Quijote.

—¿Recuerdas aquel verano que pasamos en Marbella?

—¡Cómo no, cómo nos divertíamos fregando platos y sirviendo en las mesas! — ¿Sentido del humor o crítica? Quizás un poco de todo.

—Si, desde luego; el ver a esa gente rica con sus coches y sus trajes y tomando copa tras copa, me causaba unas ciertas náuseas.

— Pues a mi me daban mucha envidia, la verdad.

—A mi no; esos petulantes siempre tratándonos como si fuéramos gusanos…

—Es que éramos gusanos. ¿Recuerdas el tío aquel del yate, que se pasaba las mañanas entrando y saliendo del aparcamiento del puerto deportivo?

— Sí, menudo mastuerzo; no iba a ningún sitio; siempre estaba allí, luciendo su gorra de capitán el muy idiota.

—A mi me hubiera gustado ser tan imbécil como él y tener su dinero.

— Mira, lo que no puede ser, no es y basta. Hay que saber estar en su sitio.

—¿Y el viejo aquel que iba acompañado de aquella gachí despampanante, mucho más alta que él y muy joven? Era su amante, claro; un objeto de lujo para él.

—Me acuerdo; sí, como el perro ese gigante que iba con ellos.

—Y como el deportivo de lujo en el que llegaban siempre y dejaban ahí en medio para tomarse unas copas. Nunca les pusieron una multa.

—Tenían enchufe, claro; dinero llama dinero.

—Son recuerdos más bien tristes.

—No creas, todo son experiencias; si nos hubiéramos quedado aquí no habríamos visto mundo.

— Sí, como cuando nos contrataron como tripulación de aquel barco.

—¡Sí, sí, lo recuerdo muy bien! como si fuera ayer!

—¡Menuda chulada, navegar!

—Sí, sobre todo cuando dejamos de marearnos, ja, ja.

— Bueno eso solo fue los primeros días.

—Dos o tres por lo menos; lo pasamos mal, con el estómago siempre revuelto.

—Y el desgraciado aquel siempre detrás nuestro dándonos órdenes.

—Lo hacía a posta, estoy seguro. Marineritos de agua dulce nos llamaba  el tío.

—Tenía razón; ni tú ni yo habíamos embarcado nunca.

—Cierto, y nos cogieron porque los hombres que trabajaban allí habían cogido una gastroenteritis por comer una mayonesa en malas condiciones.

— A nosotros lo bien que nos fue.

—¡Sí, y cómo estaban esas chicas!

— Eran profesionales.

—Sí, claro, y de las caras.

—¡Ay! Suspira uno de ellos.

—¡Ay! Suspira el otro.

—Aquellos veranos…Hace ya, ¿cuánto tiempo? Mucho, mejor dejarlo.

—¡Pues lo dejamos!

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MÓSTOLES NEGRA

                                                           PITÓN

Notó que alguien había entrado. En la habitación había un olor distinto, como si alguien hubiera quemado hierbas secas. Saludó:

—¡Hola!, ¿Pepe?

Silencio, no se oyó nada, a no ser por el autobús que subía la cuesta; las ventanas abiertas hacían que se oyera muy bien.

Era verano y aquella tarde hacía mucho calor. Laura era una estudiante de medicina; alta, morena de  cabello negro y  ojos marrones; tenía una belleza especial. Vestía una falda gris y una blusa color beige.

—Se habrá retrasado—pensó. Y se disposo a darse una ducha; fue entonces cuando la vio:

—¿Qué? Es eso?¡Horror! ¡ Debo estar soñando! ¡Oh, no! ¡Socorr…! —Fue lo último que dijo.

La pitón se abalanzó sobre ella y rápidamente se enroscó sobre su cuerpo y empezó a apretar; se oyó como crujían los huesos de Laura.

En pocos segundos acabó.https://www.mostoles.es/culturaenmostoles/es/centros-culturales/centro-sociocultural-joan-miro/ii-certamen-mircrorrelatos-misterioso-mostoles-2021

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SOBRE LA FILOSOFÍA II

All-focus

Veamos: ¿Qué es la Filosofía? ¿De donde viene esta palabra? Filosofía es el amor por el conocimiento, el deseo de saber, de aprender, el querer conocer todo tipo de cosas, desde nosotros/as mismos/as hasta todo el universo, si puede ser. Etimologicamente, viene de dos palabras griegas: filos, pronunciado filos (amigo) y sofos, que se pronuncia sofos (inteligencia, sabiduría).

Queremos saber quiénes somos, de dónde venimos y a dónde iremos. Por lo menos, eso intentamos; el que lo logremos o no en mayor o menor medida es algo totalmente aleatorio.

A parte de este principio básico, la primera regla filosófica es: que si a lo largo de tu estudio de un tema, sea el que sea, llegas a darte cuenta de que lo que pensabas sobre ese tema es falso, erróneo, debes pisar el freno y empezar otra vez de cero. Nada de intentar camuflar, sostener, parchear para seguir en tus trece, erre que erre.

Ese ha sido precisamente el gran fallo de muchos filósofos de renombre universal, que a lo largo de la historia se han equivocado y han permanecido en su línea de pensamiento, quizás pensando que inventando una teoría no válida el mundo cambiaría. No se debe intentar forzar las situaciones límites, porque por eso se llaman así y no de otra manera.

Eso no es Filosofía, sino cabezonería y demuestra además  poca inteligencia. Seamos honrados, analicemos, juzguemos, y si vemos que nos equivocamos, rectifiquemos.

Toda una vida de estudio siguiendo una única línea de investigación puede llevar a ese punto en el que uno repara en su error. Y debe de ser capaz de asumirlo sin rasgarse las vestiduras. Como mínimo ya sabe algo más que no sabía antes: eso que pensaba era falso, erróneo.

Sorprende a veces comprobar que personajes ilustres de su tiempo cometieron errores importantes en este sentido. Y ahora estudiamos su vida y su obra en la facultad. No entraré en detalles ni aquí ni ahora. Se dice el pecado y no el pecador.

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SOBRE LA FILOSOFÍA I

All-focus

Hablando de batallitas…Hoy quiero haceros participar de unos pensamientos que vienen a cuento:  SOBRE LA FILOSOFÍA.

La filosofia, una ciencia mal conocida. Para muchos/as es aquel rollo del que no entendían nada cuando hacían el bachillerato superior. Una serie de palabras y de fórmulas que se aprendían de memoria para aprobar y punto.

Quizás contribuía a ello el hecho de que muchos profesores/as de esa materia no estaban contentos con lo que hacían; se veían obligados a ganarse la vida como cualquier hijo de vecino y se habían dedicado a dar clases como podían vender judías en un colmado. Y claro, estaban amargados/as y algunos/as tenían como consecuencia una úlcera de estómago. Además su pobre sueldo no daba para grandes dispendios.

Yo recuerdo que el que nos daba esa materia en quinto y en sexto era de esta clase. Y se vengaba del alumnado poniéndonos un mote a cada uno, según su número de matrícula en el aula. A las tres de la tarde, la primera después de comer…un palo, un auténtico palo, sí señor. Ahora sí, él se divertia torturándonos. Lo primero que hacía era preguntar la lección del día; eso era inevitable e imprescindible. Decía por ejemplo: “la niña bonita” y todos sabíamos que eso significaba que tenia que salir a dar la lección el número quince. O «la mala suerte» y debía salir el doce(no hubiera quedado bien que un profesor dijera tacos).

Cuando había torturado a tres o cuatro, durante cerca de media hora, por este sistema, explicaba. Y se notaba que dominaba perfectamente el tema, pero que le aburría enseñarlo porque sabia que no interesaba  casi a nadie en aquella clase.

Yo lo digo siempre: el profesorado nos influye mucho; a pesar de ello, yo estudié Filosofía y Letras y disfruté mucho aprendiendo Filosofía de verdad. Es todo un mundo el saber filosófico ¿o debería decir el conocimiento filosófico?

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L’HEREU RIERA, UNA CANCIÓN TRADICIONAL CATALANA DE LAS MÁS FAMOSAS

LA MÚSICA nos acompaña durante toda nuestra vida, aunque a algunas personas no les guste o no les interese demasiado. Antes de nacer ya recibimos, como esponjas que somos, unos estímulos musicales importantes que nos comunica nuestra madre y todo su entorno cotidiano.

La música refleja nuestro estado de ánimo de cada momento. Existe una alegre, otra triste, otra añoradora, otra patriótica, etc., etc. Para todos los gustos, desde luego.

No ha existido a lo largo de toda la historia un pueblo que no haya creado una música propia, copiada o no de otras culturas. La música ha viajado siempre con nosotros, o sino que se lo pregunten a aquellas gentes que fueron llevadas a la fuerza al continente americano. Gracias a ellos ese continente disfruta ahora de música de calidad y distinta de otras. Los blues, el negro espiritual, el jazz…

Catalunya también tiene, claro está, un rico bagaje musical que ofrecer al mundo, con una larga tradición popular. Canciones infantiles, románticas, de Navidad, etc., etc.

«L’hereu Riera» ( «El heredero Riera») es sin duda una de las más conocidas y cantadas por numerosos grupos festivos:

Per a Sant Antoni
grans balles hi há,
per a Sant Maurici
tot el poble hi vá.
Tra la ra la la ra la la,
tra la la ra la,
tra la ra la la ra la la
tra la la ra la.

N’hi van tres donzelles,
són de l’Empordà,
L’una diu a l’altra:
i a tu qui et traurà?

Anem donzelletes,
anem a ballar,
que l’hereu Riera
ens hi farà entrar.

La primera dansa
la’n treu a ballar,
la segona dança
la nova arribà.

-A fe, hereu Riera
b´çe pots ben dansar,
que la teva aimada
a la mort n’està.

Tota la música
de cop va parar.
-Perdonin senyores,
que me’n tinc d’anar.

Que la meva aimada
a la mor n’està.
Agafa’l gambeto
al bras se’l tirà

Agafa’l sombrero
per plaça se’n va;
dona un tomb per plaça
sombrero a la mà.

Se’n va dret la casa
que’ll solia anar.
Se n’entra cap dintre
sens dir-ne qui hi ha.

Tot pujant l’escala
la sent sospirar
-Deu vos guard Maria;
Maria, com va?

-Per a mi Riera,
molt malament va,
febre nit i dia
que’m cuida a matà.

Gira els ulls en terra,
se’n posa a plorar.
-Que’n plores, Riera?
No’n tens de plorar.

Tinc una germana,
t’hi podràs casar.
Si ella no t’agrada
pel món prou n’hi ha.

Les joies que porto
les hi podràs dar.
A la Verge del Carme
li vaig demanar.

Que si m’adovaba
l’iré a visitar.
Per a mi, Maria,
cap més n’hi haurà.

Se’n gira d’esquena
a ll’església se’n va,
devant d’un Sant Cristo
se’n va agenollar.

-Senyor, que m’ajudi
si em vol ajudar
que’em torni l’aimada
que a lamort n’està.

Al cap dels nou dies
Maria es llevà,
a les tre setmanes
se varen casa.

Letra tomada de: https://www.kumbaworld.com/kw_canco.php?idcanco=294

(26-05-2021)

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La musaká a mi estilo griego

Khanià o Xania, Creta (2015)

Uno de los platos mediterráneos más extraordinarios que conozco es la musaka, o musaká; nunca sabré realmente como se pronuncia. Porque es típico de todo el Próximo Oriente y también de Grecia, aunque normalmente lo conocemos como un producto griego. Es uno de aquellos cocinados que se hacen en distintos países. Su base es mediterránea, claro; y por tanto pertenece a la mejor cocina mundial, la más sana, variada y completa, como se sabe.

Como la paella, ofrece muchas variantes locales. Es un deleite saborearla, por ejemplo, sentado en uno de aquellos pequeños restaurantes de la avenida que sube hacia la Acrópolis, en Plaka; o en Oráa, Thera, un lugar con unas puestas de sol inmejorables y famosas.

Yo personalmente la hago a mi gusto particular, estilo griego desde luego, pero con un toque personal en función de mis preferencias. Sabed que podéis quitarle el tomate, o añadirle pimientos, si queréis, pero que no le falte nunca la berenjena. Y la carne puede ser de lo que os apetezca, ningún problema. Una mezcla de cerdo y ternera va muy bien.

Sal, yo le pongo poca por motivos de salud, pero allá cada uno con su conciencia. Yo cuando veo que dicen: “un poquito de sal” y veo que le echan mucha cantidad, pienso: “yo eso no me lo como”. Hay que usar menos sal y muchas hierbas aromáticas y especias.

Quien tenga la costumbre de comer con mucha sal, debe añadirla a la bechamel, al sofrito y a la carne. Y si le sienta mal, que espabile. La comida que yo hago está siempre más bien sosa, desde luego, cuestión de costumbre.

Y lo mismo hago con el aceite. Desde luego para mí en cocina no existe otro que el de oliva puro virgen extra. Lo uso siempre, pero ojo, sin exagerar. Cuando veo que le ponen un chorreón sin ningún problema a la sartén, pienso que eso es grasa sobrante, poca salud. En fin…

Pero vamos a lo importante:

Ingredientes:

3 berenjenas.

Carne picada de cerdo, 500 gramos.

Carne picada de ternera, 500 gramos.

Cuatro tomates rama, bien maduros.

 Una cabeza de ajos.

Dos cebollas grandes.

Hierbas y especias: cúrcuma, pimienta, orégano, albahaca y pimentón dulce. La cúrcuma, como es sabido, tiene un sabor fuerte y muy característico. A mí me encanta y la uso para muchas cosas; pero si a alguien le disgusta, que no la use y en paz. A considerar que a quien le guste el curry , debe saber que el curry es cúrcuma con una mezcla de pequeñas cantidades de otras cosas. La cúrcuma, entre otras cualidades salutíferas importantes que tiene, también le da un toque exótico-oriental especial a los platos.

Aceite de oliva virgen extra.  

Un vaso de buen vino tinto.

Queso rallado, puede ser un emmental helvético, un grana del Véneto, más fuerte, o incluso un graviera cretense, o el que prefiráis.

Sal, poca, un pellizco.

Para la bechamel: leche, harina y aceite. Medio litro de leche semidesnatada, tres cucharadas de harina y otras tantas de aceite. Mucha gente emplea la mantequilla, por aquello del más, más, gusto…Pero eso lleva mucha grasa, más que el buen aceite. Por eso yo siempre, donde dice mantequilla, pongo aceite de oliva virgen extra. Mucho más sano que la mantequilla. Aunque eso no quiere decir que la eliminemos totalmente de nuestra dieta, pero tomadla siempre muy de vez en cuando y en pequeña cantidad. Nuestro colesterol y nuestros triglicéridos nos lo agradecerán.

El tema de usar mantequilla es de origen francés, una buena cocina; pero yo prefiero el aceite, más ibérico y mediterráneo.

PREPARACIÓN:

En una sartén grande pongo una base de aceite y en seguida echo los ajos bien picados. Cuando comienzan a saltar, añado la cebolla bien picada también. Y dejo pochar con el fuego bajo.

Sofrito: aceite, ajo y cebolla

Cuando está dorada la cebolla pongo la pimienta, la sal(una pizca solo), la cúrcuma y las hierbas. Remuevo bien. Y a continuación la carne picada de cerdo y ternera. Removiendo. Pongo el fuego a media potencia. Remuevo bien  hasta que la carne quede bien sellada.

La carne añadida

Añado los tomates triturados, remuevo bien y añado el vino, que será tinto y de muy buena calidad. Nunca cocinéis con un vino barato, no sale a cuenta; es mucho más satisfactorio si es bueno: un Castell del Remei, un Sangre de Toro de Torres, un Costers del Segre, un Cariñena, un Valdepeñas o un Ribera del Duero pueden ir bien, por ejemplo; incluso un Lambrusco tinto. Pongo el fuego más fuerte para que evapore rápido el alcohol. Remuevo bien. Reservo.

El tomate y el vino tinto añadidos

Mientras, cuando tengo el sofrito haciéndose,  pongo en una bandeja de horno con su papel las berenjenas cortadas a lo largo en tiras finas. Les echo por encima un poco de aceite y las meto a asar. Y tengo el horno, precalentado, a 220 grados durante treinta  minutos, controlando. Depende del tipo de horno que tengáis. Por cierto, eso de poner las berenjenas en agua con sal…Yo no lo hago nunca y no noto que amarguen ni piquen ni nada parecido. Creo que eso es una de tantas leyendas de la cocina universal.

Una vez lista la carne, hago la bechamel: En un cazo meto un buen fondo de aceite y en seguida la harina. Removiendo bien, hasta que queda formando una pasta. En ese momento echo la leche, toda a la vez, sin dejar de remover. Según vaya cuajando, veremos si hay que añadir algo o no.  

Es importante no dejar de remover, para que no se formen grumos. Claro, que si no os importan esos grumos, ningún problema. El sabor no cambiará por ello. En realidad, en esto de la cocina, como en todo, existen muchos prejuicios y se hacen muchas cosas a veces sin saber por qué. Reservar.

Acto seguido, una bandeja de horno, yo las uso de vidrio normalmente pero da lo mismo. En ella pongo una primera capa  de berenjenas. A continuación la carne. Y otra capa de berenjenas.

Montando las capas
Dos capas de berenjenas y una de carne

Y  la bechamel, que actuará de tapa del conjunto. Finalmente, le pongo por encima queso rallado, al gusto.

La bechamel

Y lo meto en el horno, que tengo precalentado, a 225 grados. Unos treinta y cinco minutos después compruebo con un punzón si la textura ha llegado a su punto adecuado. Sino, unos minutos más, controlando. Está listo cuando el punzón que has hincado sale limpio.

Al horno

Cuando ya está,  enciendo el grill y subo la temperatura al máximo, poniendo dos minutos y  observo el aspecto que va tomando. Más o menos tostado, eso depende del gusto de cada uno.

La musaká, lista

Y listos, a disfrutarlo, aunque siempre podéis echarle por encima, una vez fuera del horno, un poco de perejil picado para darle otro tono de color. Hay que aprender de los buenos como Arguiñano. Yo lo intento.

Ah, y para aquellas personas más ansiosas y hambrientas, esto es como lo que le gusta tanto a Garfield: en una bandeja más alta se van poniendo más capas de todo…

Ramon Montanyà i Maluquer 23-5-2021

SOBRE EL CONCEPTO DEL BIEN (3)

 El hedonismo considera que el bien es la satisfacción del placer sensual, mientras que el epicureísmo considera que la felicidad del hombre consiste en la búsqueda del placer, un placer moderado que se consigue obrando ‘con buen cálculo’. No elegimos cualquier placer, sino que a veces evitamos placeres porque de ellos se deriva un dolor mayor. De acuerdo con esto, todo placer es por naturaleza un bien, pero no todo placer ha de ser aceptado.

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