LA CHICA DEL ASCENSOR 3

Veamos: Nuestro cerebro es muy complicado. El ser humano tiene unos dispositivos mentales que le permiten ir registrando toda una serie de estímulos visuales, sonoros, odorables, que van entrando en nuestro “disco duro” ( permitidme que emplee este símil informático, tan actual) y que se van guardando allí durante un cierto tiempo. Pasado un cierto momento, empiezan a borrarse si no los renovamos. Efectivamente, como dice Cicerón en su “De senectute” (“De la vejez”), “Memoria minuitur nisi eam exerceas” , la memoria disminuye si no la ejercitas.

Cada día, cuando nos dirigimos de casa al trabajo y viceversa, nuestro cerebro registra una serie de datos sobre el trayecto. De manera automática, mecánica, estamos acostumbrados a percibir solamente lo más básico, lo elemental, lo que nos hace falta para deambular por aquél itinerario conocido y repetido día a día. Muchos datos que nos llegan quedan almacenados sin que seamos conscientes de ello, porque quedan guardados en la memoria “caché” ( el subconsciente) .

De vez en cuando sucede o hay algo imprevisto, diferente. Y eso lo recordamos especialmente para poderlo explicar después en la oficina, por ejemplo. De hecho no es más que un recurso que tenemos para mejorar nuestra imagen en sociedad. ¿De qué hablaríamos sino? ¿De mujeres o de hombre o de trapitos o de…nuestras magníficas vacaciones por casualidad? Lo dicho, explicar lo que hemos visto que pasaba hoy ( o ayer) es otro recurso de que disponemos para nuestra relación con l@s colegas del trabajo.

Ella, en su disco duro tendrá mi imagen, algún sonido de mi voz, quizás también olor, recordemos el ascensor, un espacio pequeño y cerrado. Como nos vemos con una cierta frecuencia, alguna información y por tanto alguna idea se habrá forjado de mi, aunque sea algo así como “Mira, el tipo ese tan feo que vive en el piso de abajo” o quizás “Ese señor tan educado y amable que vive en la escalera” o quizás “Ese tipo tan tímido vecino mío” y ¿Porqué no? “ Me cae bien, parece simpático. Es educado” . De ilusión también se vive ciertamente…

¿Y aquellos locos con aquellos cacharros haciendo el imbécil? Yo, la verdad, que alguien juegue con mi vida gratuitamente, que alguien abuse “patientiam meam” de manera descarada y reiterada es algo que nunca he soportado. Cuando era joven me encaraba con ellos. Ahora me limito, en ocasiones, a mostrar unos ciertos conocimientos del lenguaje de los gestos; y a veces, lo acompaño con ciertas manifestaciones lumínicas o de otra índole.

Tal como lo digo, a veces solo, porque en la mayor parte de ocasiones los ignoro olímpicamente; solo ofende quien puede y ellos no pueden, porque bastante pena tienen con ser lo que son; que se operen si aún están a tiempo. Soy más bien pacífico; digamos que la cierta agresividad que podía acompañarme cuando era menos maduro, con el tiempo se ha ido canalizando adoptando maneras más civilizadas.

Y volviendo a ella, digo yo que algo pensará de mí, vamos, para bien o para mal ¿No? . O me ignora totalmente. A lo mejor resulta que ni siquiera recuerda como es mi cara y que cada vez que nos vemos, para ella soy una cara totalmente nueva.¿Sabe realmente que vivimos en el mismo edificio?

Y otra vez con el tema de los coches, la policía de tráfico ¿Qué hace respecto a los malos conductores? ¿Porqué no se dedica a circular con coches camuflados a la caza de salvajes? ¿Porqué se limita casi siempre a apostarse en lugares fijos con su radar para pillar a aquellos desgraciados que conducen siempre bien, menos aquél preciso día en que se pasan en diez o en veinte kilómetros la velocidad máxima permitida? Los que lo hacen habitualmente, sabido es que llevan un radar ilegal en su coche y que gracias a él detectan el de la policía, con lo cual casi nunca los cogen con las manos en la masa.

Bien pensado, no puede ser que no me reconozca cuando me ve. Hasta un perro que hemos visto un día, en jornadas sucesivas, si lo vemos, lo reconocemos. ¿Somos las personas menos que los perros?¿Aunque seamos unos perfectos desconocidos? Genéticamente, según los últimos estudios del genoma humano, el perro y la persona no están muy lejos el uno de la otra. ¿Querrá eso decir algo?¿Tendrá eso algo que ver en el tema que me preocupa? Tampoco la mosca queda muy lejos del ser humano genéticamente. La verdad es que todo ello no me quita el sueño. La que sí me lo quita es ella…

Pero volvamos con lo del taxi, que aún no lo he contado todo. Resulta que después de todo el chasco que me llevé, resignado con los designios de la fortuna, le pregunté al taxista lo que le debía y, para mi asombro, me dijo que nada, que había disfrutado mucho y que incluso me estaba agradecido por mi actuación. Además, compadecido por mi decepción, me convidó a tomar algo y acabamos en un bar que había allí al lado tomándonos sendos cafés. Hablamos de muchas cosas y me contó algunas que más tarde ya explicaré. Acabamos tan amigos y ahí quedó eso.

Por cierto, soy capaz de pedir una baja y dedicarme a un plan sistemático de seguimiento durante una semana, para ver a donde va, qué hace, con quien, etc. Pero me surge la pregunta: ¿Es eso digno por mi parte? ¿No es algo innoble? ¿Porqué no contrato a un detective que haga ese trabajo sucio? ¿Y porqué debo hacer una cosa así? ¿No es más normal que me presente como vecino suyo que soy y le plantee la posibilidad de que si quiere podemos salir algún día de estos y conocernos?

Sobre el asunto de los malos conductores, yo soy de la opinión de que son delincuentes y de que como tal habría que tratarlos. Esto es algo que está costando hacer que alguna gente entienda, pero que poco a poco irá implantándose en todas partes. Una persona que no respeta la vida ajena y que comete todo tipo de tropelías al volante de un vehículo, sea del tipo de sea, es una amenaza social y el tratamiento policial y judicial que se le debe dar ha de ser el adecuado a tal condición.

Y si va bebida o drogada, ello ha de considerarse agravante, no eximente. Y a la mínima habría que encerrarla en la cárcel para que supiera lo que es bueno. Y desde luego, retirada del carnet de conducir, que tuviera que volverse a examinar si quisiera volver a conducir. Y que en el nuevo carnet constara que era la segunda y última oportunidad de poseer tal documento.

¡Tendrá coche ella? ¿Moto quizás? ¿Sabe conducir? No tengo manera de saberlo si no la sigo o hago que otra persona lo haga por mi. No sé qué hacer.

¿Y los fabricantes de coches? ¿Porqué fabrican coches que corren a velocidades prohibidas por las leyes de muchos países? ¿Es eso lógico? Si en cada país las marcas de vehículos estuvieran obligadas a limitar la velocidad punta de sus productos, nadie podría correr más de la cuenta. Muerto el perro, muerta la rabia. Pero eso, ¿Acabaría con las imprudencias? ¿Y con los accidentes? Pues no, claro, porque no todas las infracciones se cometen a más velocidad de la permitida; muchas sí, pero todas no. Pero algo se avanzaría quizá. Claro que muchos opinan que gran parte de los problemas los causa la gente que circula “demasiado” despacio. Es una materia opinable, como tantas otras.

Me encantaría ver como conduce ella. La manera de llevar un coche dice mucho de la persona; hay toda una serie de maneras, gestos, actitudes, que denotan la clase de personalidad del que guía un vehículo. También me gustaría saber qué tipo, qué modelo de coche será el suyo.

Porque hoy en día todo el mundo tiene uno al menos. Es muy raro si no es así. Es como un reloj de pulsera. De todos modos debo decir que yo he conocido y conozco a algunas personas que ni tienen coche ni carnet de conducir. Para mí, en ese aspecto ( y sólo en ese) son como un deje de la Prehistoria, un resto de material caducado. Personalmente no consigo entender bajo qué condicionante actúa una de esas personas. Las respeto, claro está, no faltaría más.

Se trata de una decisión personal e intransferible, desde luego, pero me choca ver que prefieren depender de un transporte público, normalmente insuficiente y muy incómodo, poco práctico y lleno de desventajas, en mi opinión, con respecto al privado. Fulanito, como no conduce, depende para todo de que alguien le lleve a donde sea, al restaurante donde celebramos la cena de trabajo del viernes, o a la delegación que está a sesenta y cinco kilómetros del lugar habitual de trabajo…

¿Será ella de ese tipo de personas?¿Podríamos llevarnos bien si fuera así? Sí, claro, porque al menos nunca discutiríamos por decidir quien conduce. Siempre dejaría que lo hiciera yo. Y a mí me encanta conducir; para mí es una afición. Y no me canso nunca. Soy capaz de hacer viajes largos, con tiradas realmente fuertes, sin apenas cansarme y, lo que es mejor, disfrutando con ello. Me gusta mucho poder coger el coche y carretera adelante ( o autopista ) a pasarlo bien conduciendo. Llegas a un sitio que no conoces y te espabilas; no dependes de nadie; dispones del vehículo siempre que quieres, para ir a más sitios en menos tiempo; digamos que optimizas mejor tu tiempo.

Seguro que tiene un coche pequeño y coquetuelo, muy femenino. De un color alegre, posiblemente fosforito. Y debe tenerlo siempre bien limpio supongo. Lo guardará en un garaje, no creo que lo tenga en la calle. Me parece una persona bastante sensata y juiciosa. Su manera de vestir…Pero también es verdad que “In vestimentis non est sapientia mentis” , la sabiduría no está en la vestimenta. Este es un refrán romano anónimo, similar al nuestro “El hábito no hace al monje”.

¿Pero qué estoy diciendo? ¿Acaso me estoy volviendo machista? Eso no lo he sido nunca y no voy a empezar ahora. A ver, lo del coche limpito, pulidito, guardado en garaje y tal queda bien para una mujer convencional a la clásica. Pero la mujer actual no es así, porque ha adoptado muchas de las maneras que tradicionalmente han sido propias del hombre. Al salir a trabajar, la hembra de nuestra especie se ha visto obligada , cada vez más, a cambiar muchos de los hábitos ancestrales, que-dicho sea de paso- tenía en función de su situación social y no forzosamente por su condición femenina.

Aún me acuerdo de cuando yo era un chaval y mi madre, cuando viajaba con nosotros, si mi padre no nos acompañaba, tenía que llevar un papel escrito por él autorizándola a hacer tal cosa. Y que en aquellos viajes desde la capital del reino hasta lo que en aquella época se denominaba oficialmente “provincias” la policía subía al tren e iba pasando vagón por vagón, por todos los departamentos.

Su función era pedir la documentación a todo el mundo que iba en ese tren. Era en plena época franquista;el padre de familia tenía más prerrogativas legales que el antiguo “pater familias” (lo único que le estaba vedado era mandar sobre la vida y muerte de su familia) . Luego pasó el tiempo y todo cambió y mis padres se separaron…

Seguro que conduce muy bien, porque hoy en día la incorporación del elemento femenino a las actividades laborales cotidianas es un hecho innegable. Antes la gente decía “Pero qué mal conducen las mujeres” “Por una que lo hace bien…” “Conduce bien, no parece una mujer, parece un hombre conduciendo” etc., etc. Y en gran parte estaba justificado porque la mayor parte de féminas no conducían, al menos frecuentemente. Y muchas, cuando cogían un coche…iban un poco mal, digamos. Eso es así, no se puede negar. Pero eso es agua pasada.

Cuando un magnífico director de cine llevó a la pantalla una notable realización sobre el tema de los problemas morales y éticos, de la conducción, etc., “Muerte de un ciclista” , la mala, claro, era una mujer. Ahora, la mayor parte de ellas conducen normalmente y, por tanto, saben hacerlo perfectamente. Y además, buenos y malos conductores los ha habido siempre, géneros aparte.

Me acuerdo ahora de aquél taxista y de una cosa que me contó. Según él un día subió al taxi una pareja de recién casados, según parecía. Le dijeron que les llevara al puerto. Una vez allí le dijeron que iban a celebrar una fiesta en su yate y que le convidaban a tomar unas copas si quería. El aceptó y quedaron en encontrarse frente al yate en cinco minutos, mientras él aparcaba. Dicho y hecho, el hombre aparcó y se dirigió tranquilamente al muelle que le habían indicado. Como no vio movimiento alguno por allí, decidió esperar un poco.

Al cabo de unos veinte minutos, viéndose plantado, se marchó por donde había venido. Cuando llegó al sitio en que había dejado el coche, éste no estaba allí. Dos semanas más tarde la policía lo encontró abandonado, sin gasolina, lleno de restos de comida, latas vacías y con la tapicería de los asientos acuchillada. Menos mal que tenía un buen seguro…Me lo dijo hablando del tema de las apariencias, que normalmente engañan.

Las apariencias…¿Me estaré engañando yo con ella? ¿Qué aparenta ella? ¿Y qué es realmente? ¿No me estaré obsesionando realmente por algo que no merece la pena? ¡Y yo qué sé! Pero me gusta…Por cierto, ¿Será religiosa? ¿Tendrá alguna religión, o será agnóstica o atea?

Ya se sabe, la persona agnóstica es aquella que dice que no conoce a ningún dios y que no sabe si existe alguno realmente. No lo niega, se limita a afirmar que no conoce: “agnosco”. El ateo, en cambio, niega la existencia de cualquier divinidad: “ ateos” . Y en uno y otro caso, es una simple cuestión de fe. Si te lo crees, bien, tienes fe. Y si no te lo crees, pues bien también, no tienes fe. Es una cuestión personal.

“Credo ut intellegam” , creo para comprender, que decía San Anselmo en su “Proslogium” . O lo que escribió Horacio en su “Satirae” ( “Sátiras” ) “Credat iudaeus Apella, non ego” , que lo crea el judío Apela, no yo.

Cada cual y cada quien ha de tener su propia opinión y nadie se lo debe impedir. No hagamos como tiempo atrás, cuando actuaba la Santa Inquisición. Y no es tema para levantar polémica alguna, ciertamente. Si todo el mundo respeta a todo el mundo, ni peleas ni guerras. Aunque hay algunos que todavía van por ahí en plan retro, practicando o predicando guerras santas y todo ese tipo de cosas. Mientras haya quien los siga…

Dudo que sea una fanática, aunque quien sabe. Y a lo mejor vive con su anciana madre, viuda y llena de manías, una mujer absorbente y dominante que de buen seguro la tiene amargada. Creo haber notado algún día un cierto rictus de sufrimiento, de preocupación en su cara. A lo mejor…

Qué difíciles son las relaciones humanas, de verdad. Personas que aparentemente son normales, no tienen especiales manías, resulta que en realidad son auténticas enfermas mentales, con una visión deformada de la realidad. Bajo el disfraz, la apariencia más inocente, puede ocultarse una personalidad esquizoide aguda, incluso una homicida. Una auténtica bomba de relojería que en el momento más inesperado puede estallar en forma de crisis delirante. Suicidio, asesinatos…

Ella parece muy cuerda, pero y si…¡Qué horror! ¡No quiero ni pensarlo!

Mi profesor de Filosofía de la Facultad nos hablaba mucho del tema del suicidio y de la eutanasia. Por lo que respecta al suicidio, alguna confesión religiosa como el cristianismo lo condena enérgicamente, diciendo que como somos obra de Dios, solo El ( aparte del Derecho Penal de cada país) tiene derecho a decidir sobre nuestra vida. Que no es lícito que nos suicidemos. Realmente, eso del suicidio es todo un tema. En opinión de algunos, hay que ser muy cobarde para quitarse la vida. En cambio otros piensan lo contrario.

¿Quién tiene razón? Supongo que cada un@ tiene su propia razón. Cada caso es un mundo; recordemos, por ejemplo, que quizás el mayor músico de todos los tiempos de Occidente, Beethoven, cuando se vio sordo, pensó en dar ese paso. Afortunadamente, decidió en el último momento no hacerlo y seguir viviendo. Menos mal, porque sino, entre otras cosas, no podríamos escuchar la Novena. Un compositor sordo ¡Alucinante! Y la música que compuso estando sordo ¡Alucinante también! .

Eso del suicidio es algo realmente delicado. A veces sabes porqué, como aquellos desgraciados que se suicidaban cuando estalló la Gran Depresión en Wall Street. La pequeña fortuna, los ahorros de toda una vida, se esfumaban en un abrir y cerrar de ojos, para desesperación de algunos pequeños accionistas aficionados que no encontraron más salida que quitarse la vida. Lamentable, sobre todo si consideramos que todo ello sirvió, entre otras cosas, para enriquecer aún más a ciertas personas…

Lo del juego, de Bolsa o de cualquier lotería, también es un tema. Si te lo tomas como lo que es, un simple juego, no algo que te va a convertir en una persona rica; si nunca, o casi nunca, juegas, no hay peligro, ni de que te enriquezcas de golpe, ni de que te arruines por ello. Una vez alguien me comentó que en asuntos de juegos de fortuna el peligro está en que ganes una primera vez una cantidad algo fuerte de dinero. Ello, me decía este jugador experto, puede moverte a animarte, a engancharte, pensando que volverás a tener suerte. Con ello demuestras ser poco inteligente, porque un sencillo cálculo de probabilidades te hará ver que si ya te ha tocado una vez, difícil es, matemáticamente, que te vuelva a tocar.

Pero en esto no hay Matemáticas que valgan. Te puede tocar dos veces seguidas. Y ya tenemos a la persona ludópata, que juega compulsivamente y que muchas veces se gasta el sueldo en ello, pasando por alto muchas veces el hecho de tener una familia que mantener. Lo más sano es lo que le ocurría a aquél tipo que se quejaba de que nunca le tocaba. Y cuando alguien le preguntó “¿Con qué número jugaba usted?” el respondía con otra cuestión “¿Ah, pero es que hay que jugar para que te toque?”

¡La gente que se ha arruinado y las familias destrozadas que hay por culpa de una persona ludópata! Me pregunto si ella…Casi no me atrevo a planteármelo. ¿Será jugadora? A lo mejor por eso va siempre sola, porque quizá no tiene amistades, quizá es un ser antisocial, es huraña…O a lo mejor está divorciada y es precisamente por esa causa, con la añadidura del juego…No parece que tenga hijos, o es que viven con el padre. Si es así, podría ser porque a lo mejor en el juzgado no la consideraron competente o solvente para mantenerlos.

Hace años en España estaba prohibido el juego. Así, como suena, los casinos estaban prohibidos; y los bingos. Y mucha gente iba a Francia, que era un país libre según decían, una república, a jugarse los dineros. Era un negocio que habían montado entre otros un grupo de empresarios españoles, catalanes para más señas, de la zona de Sabadell. Era muy curioso porque la misma gente montó también un negocio complementario con el cine. Muchos íbamos a Perpinyà a ver cine erótico y político, ambos prohibidos por el régimen del momento. Y que conste que lo del régimen, al menos en este caso, no tiene nada que ver con dietética.

Y ella, ¿Qué tipo de ideas políticas tendrá? ¿Será lo que se dice de derechas? ¿O más bien de izquierdas? ¿O será de aquellas personas que dicen no entender de política o que les importa un bledo? ¡Vete a saber! ¡Reventaré!

SEGUIRA

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