LA CHICA DEL ASCENSOR 2

Es el capitalismo, claro. El capitalismo más puro y duro que conocemos desde siempre. Tampoco es un invento actual. Nos ha acompañado durante casi toda la historia, por no decir siempre.

Y sobre este tema, me acuerdo de cuando estudiaba Arqueología, allá en el Paleolítico Medio más o menos. Un profesor nos comentó un día que las actuales ideas políticas influyen en los arqueólogos para hacer sus teorías. Y nos leyó algunas frases de dos libros que trataban el mismo tema: El Neolítico. Uno era de un autor ruso y el otro de un inglés. Para el ruso, el Socialismo-comunismo nació en los poblados neolíticos, donde, según él, existía un cierto cooperativismo, una igualdad social, etc. En cambio, para el británico, en el Neolítico se tiene la primera prueba de la existencia del Capitalismo porque, decía en su libro, el concepto de riqueza nació a partir de que un campesino cultivaba un campo más rico que el de al lado…

Es curioso lo subjetivos que somos. Eso de la objetividad, yo creo que no existe, o que existe muy poco Y esto lo podemos aplicar a todos los aspectos de la vida. Por ejemplo, el sexo del ser humano. Como es sabido tod@s tenemos en nuestro cuerpo una combinación de elementos masculinos y femeninos. La diferente proporción de unos y otros es lo que marca el que seamos catalogables como hombres o como mujeres.

Y de la misma manera, todo individuo posee mentalmente unas inclinaciones de signo distinto, en el sentido de lo que se puede considerar bondad y maldad. En Criminología se han realizado estudios en este aspecto de la personalidad; según se sabe actualmente, nadie es totalmente malo ni totalmente bueno. Siempre existe una relatividad, una subjetividad.

O sea, que nosotros mismos no somos absolutamente nada y resultamos absolutamente relativos. Y nuestra educación, nuestras acciones, etc., también, naturalmente. Cada sociedad tiene su propio orden de valores y éste, en el transcurso del tiempo, puede evolucionar, cambiar, como la pena de muerte que antes existía en todas partes hasta que algún país la excluyó de su código penal. Y los valores de cada grupo humano no tienen porqué ser los mismos: En Occidente, la expresión general de luto se ha representado siempre con el color negro. En cambio, en Oriente, dicho color es el blanco.

Pero ella, siempre ella…hum…En fin, continuo lo del taxi: Resulta que aquel taxista, en cuanto oyó lo que yo le dije, salió zumbando sin preguntar nada, más contento que unas ascuas, pisando a fondo el acelerador de aquél potente coche que conducía. En un santiamén se puso tan pegado al autobús que tuve que decirle que les diera una oportunidad a las moscas de circular entre ambos vehículos.

Tenía yo miedo de que chocáramos y se montara el número.

Porque hay que ver la cantidad de locos que hay hoy en día al volante de coches cada vez más rápidos y con más capacidad de aceleración. Si todo lo que vemos cada día los que usamos el cacharro para ir cotidianamente al trabajo lo recordáramos, cogeríamos miedo y dejaríamos de conducir. Pero yo creo que es el mismo instinto de conservación el que nos hace olvidar y “corre un tupido velo” sobre nuestra memoria, para que estemos más tranquilos y sigamos usufructuando un volante de manera asidua. Si es que hay pocos accidentes para las animaladas que se hacen por esos mundos. Se ve cada cosa…Lo raro es que no haya más colisiones.

Pero volvamos al taxi. Aquél hombre estaba que no cabía en sí de lo ilusionado que iba. Y me lo dijo, me recordó aquella peli vieja en la que había una circunstancia igual. Y dicho y hecho, a perseguir aquél autobús urbano. Un poco más calmado, se apartó algo de su perseguido y así continuamos por calles y más calles.

El autobús, fiel a su recorrido prefijado, iba parando y mi trabajo era controlar que ella no se me escapase. Finalmente, llegó a la parada final de trayecto. Una vez hubo bajado la gente que quedaba en el autobús y mientras entraban en él otros pasajeros, constaté la crueldad de mi situación: Primero, había hecho el estúpido persiguiendo de aquella manera a una persona desconocida. Segundo, la carrera del taxi me costaría un ojo de la cara, seguro. Tercero, ella, a fin de cuentas, no estaba en aquél autobús. Y cuarto, lo peor de todo, llegué a la conclusión de que nos habíamos equivocado de presa: No era ese autobús el que ella había cogido en la otra punta de la ciudad.

Sin comentarios. ¿Nunca habéis tenido un fracaso, por pequeño que sea? Son aquellos momentos en que te sientes como un gusano en pelotas. Y reza el dicho popular “No somos nadie; y en pelotas, menos” . Aquí podríamos parafrasear lo que según Tito Livio dijo el galo Breno al rendirse a los romanos: “Vae victis” , ¡Ay de los vencidos!

Volví a casa en autobús, claro.

Por cierto, menuda estupidez hicieron los ayuntamientos de ciertas ciudades quitando los viejos tranvías y los trolebuses y substituyéndolos por los pestilentes autobuses, contaminadores potentes de la urbe y antiecológicos. Con lo bien que iban aquellos vehículos que usaban la electricidad para funcionar, con sus troles. Y lo bien que iban los susodichos artilugios a los chiquillos que podían así dedicarse al noble arte de descolgar el trole, con lo cual el tranvía se paraba y tenía que bajar el conductor a volver a colgarlo de la catenaria.

Esto, que era lo que pretendían los chavales, provocaba su rechifla una y otra vez. El pobre señor, justamente enfadado, les reprendía y volvía a subir a su vehículo. Pero no era esta la única utilidad de los tranvías. Sus vías eran una magnífica prensa donde colocábamos chapas, monedas y algún que otro pequeño objeto. Esta “prensa” lograba unos efectos realmente sorprendentes e imaginativos y no suponía en absoluto ningún peligro de descarrilamiento. ¡Adorables criaturas!

Y hablando de descarrilamientos, una vez uno de esos tranvías se averió en plena marcha en una bajada cerca de mi casa: Se embaló, descarriló y fue a darse contra un muro de ladrillo. Ningún herido, desde luego. Pero el muro feneció.

Los autobuses también tienen accidentes, sobre todo los de dos pisos. La casa de mis padres estaba en un paseo muy ancho y un poco más arriba había un cambio de sentido que tenía en mitad del paso un pilar muy ancho que sostenía una torre eléctrica. Por allí giraban los autobuses, muchos de dos pisos. Y de vez en cuando se desequilibraban y volcaban, quedando apoyados contra ese pilar. Era algo muy aparatoso, porque eran muy grandes y hacían mucho ruido.

Y no sólo era ruido lo que hacían. Como eran los años cincuenta, el carburante que empleaban esos vehículos no sé qué sería, gasógeno, petróleo…Vete tú a saber, era una época de restricciones de todo tipo. Y dentro de un autobús olía muy intensamente a eso, la peste del carburante. Se diría que el tubo de escape estaba conectado al habitáculo. Era insoportable. No hace falta que explique que yo me mareaba automáticamente. Y por eso, me iba siempre disparado hacia arriba, al segundo piso. Allí todo era diferente, el olor quedaba disipado por la vista “aérea”. Procuraba coger sitio delante del todo, claro. Y jugaba a pilotar “el avión”. Toda una experiencia.

¿Y ella? ¿Cómo sería su infancia? ¿Viviría en el mismo tipo de ambiente que yo? O pertenecería a otro tipo de sociedad? Este y otros muchos pensamientos en torno a ella se agolpaban a menudo en mi cerebro. Una y otra idea iban pasando como una película. Y yo iba “seleccionando” lo que me parecía más oportuno. ¿Cómo quisiera yo que hubiera sido la infancia del objeto de mis elucubraciones? ¿Y qué me importaba a mí eso ahora? Lo que yo quería, lo que yo necesitaba de manera imperiosa, era ponerme en contacto realmente con ella. Conectar con ella en persona, no virtualmente ni con una imaginación calenturienta, sino físicamente, hablar con ella, conseguir su amistad, su aprecio, su…No me atrevo ni a decirlo, su respeto, su cariño en suma. ¿Es eso mucho? Quizás sí, quizás yo no merezco que una persona como ella…

Pero no, no nos pongamos plastas, no seamos palizas. No empecemos el cuento de la lágrima, que eso no va así. En realidad yo soy una persona perfectamente capaz de amar y de ser amado, ¡Faltaría más! Como cualquier hijo de vecino. Y no todo en mí son defectos, también tengo algunas virtudes, ¡Que caray! Aunque sea en el fondo, como reza el latinajo de Séneca ( en su “Consolatio ad Marciam”) “Eripit se aufertque ex oculis perfecta virtus” , la virtud perfecta huye de las miradas de los hombres y se oculta”. Cosa que podríamos traducir libremente por: Aunque soy feo, en el fondo tengo virtudes ocultas.

Eran días de elecciones, ya se sabe, esos momentos en que el tema, o uno de los temas, es quién ganará y todo eso. En un país como el nuestro, que está aprendiendo (le cuesta, le cuesta) a ser democrático, eso es todo un tema. Todo el mundo habla de democracia. La palabreja en cuestión va de boca en boca y realmente la mayoría no tiene ni la más remota idea acerca de su origen, su significado. Muchos se quedan en saber que es algo que se inventó en la antigua Grecia. Y punto. No saben que Pericles era un dictador más moderno que el resto de dictadores de su época. No saben que su democracia se basaba en una aristocracia.

Los “aristoi” , o sea, los “mejores” , los más poderosos, la clase aristocrática de la Atenas del siglo quinto a. C. , eran los “elegibles” en política. Y todas las votaciones se hacían a mano alzada, para que los acólitos del gobernante pudieran tomar buena cuenta de qué votaba cada representante. Claro que, al final, sus contrincantes, que ya no sabían cómo eliminarlo del gobierno, como no podían ganarle directamente, lo hicieron a través de su amante, la inteligente Aspasia. ¡Una lástima! .

Ella, ella, ella…¡Qué obsesión la mía! ¿En qué trabajará? Seguro que en una oficina, de administrativa, a las órdenes de algún desgraciado machista que se insinuará con ella muchas veces o siempre por sistema. A lo mejor tiene que aguantar toda una serie de impertinencias cada día. Y puede que sufra un acoso sexual o el conocido “moving” ; a lo mejor se dedican a hacerle la vida imposible para conseguir que deje el trabajo y no tener que echarla. Es un truco para no tener que pagar indemnización por despido improcedente y ya se sabe que hay muchos empresarios deshonestos que recurren a ese tipo de estratagemas. En realidad me pregunto si existe la figura empresario-persona honrada, pero, en fin, alguno habrá, aquí más vale que corramos un velo y que sea lo más tupido posible.

Esto de la honestidad me lleva a recordar que el concepto de la Etica puede cambiar ¿Qué es ético? ¿Qué resulta “dignum et iustum” ? Pues digno y justo es aquello que…He ahí un concepto que va cambiando como las modas. Incluso algo tan serio como el disponer de la vida de los demás o de uno mismo, es un tipo de concepto siempre discutido. Y como ya he dicho antes, es diferente de sociedad a sociedad.

El suicidio, la eutanasia, la pena de muerte…Problemas siempre candentes filosóficamente hablando y que responden, según se entiendan, a distintos conceptos éticos. La Etica, sabido es, no es ni más ni menos que una disciplina de la Filosofía, aunque en el actual sistema de enseñanza muchas veces se convierta en una especie de Maria ( léase, asignatura inocua ) .

S., S., S. ¿Qué puñeta querrá decir esa S. ? ¿Cómo se llamará? Ni idea, se me ocurren muchos nombres, pero…Sara, Sandra, Sonia…Da igual como se llame ¡La quiero! Cada vez lo tengo más claro. Tengo que armarme de valor y decírselo. ¿Y si hago el ridículo? ¿Y si se ríe? Pues digo yo que a quien algo quiere, algo le cuesta ¿No? Pues, eso. Tengo que hacerlo. Mucha gente lo hace cada año, cada día, cada mes y cada siglo. Y la vida sigue, las parejas se siguen formando, separando…Separando…¿Y si salimos juntos y al cabo del tiempo resulta que nos peleamos y tenemos que separarnos? ¡Pues sí! ¡Vaya tiempo perdido! Para eso no vale la pena empezar. ¡Pero qué estupideces estoy diciendo! ¿Seré…? Sí, claro, lo soy, lo soy. ¿No te digo? Por muy mal que puedan acabar las cosas en una experiencia de pareja, siempre habrá algo, momentos, cosas, valorables como positivos y de buen recuerdo. ¿ O no? .Yo creo sinceramente que sí, aunque, claro, no tengo ninguna experiencia en ese sentido.

Nunca he tenido novia ni nada que se le parezca. Más bien he corrido varias veces, escapándome de alguna que me perseguía ( alguna desesperada, seguro) . Supongo que mi mala experiencia familiar influyó poderosamente en mi actuación. De manera un poco inconsciente evitaba tanto como podía el relacionarme con chicas, más allá de lo que consideraba lo justo imprescindible. Nada de buscar novia o algo parecido. Y no era precisamente falta de atracción, todo lo contrario, pero tenía miedo porque en mi inmadurez creía que saldría mal de todas formas. Estaba convencido de que el único resultado posible sería algo similar a lo de mis padres. No era capaz de considerar que en un cálculo de posibilidades, dicho resultado no abarcaba ni mucho menos el cien por cien.

Antes hablábamos de los locos al volante. “Sexo y velocidad” era uno de los “slogans” de la juventud de los años sesenta. “Épater les bourgeois” era otro. “Prohibido prohibir” y así sucesivamente. Teníamos muchos “cantos guerreros” entonces. Digamos que muchos de aquellos jóvenes, hijos de casa bien, con unos padres que habían hecho alguna que otra guerra, se encontraban incómodos en el seno de sus familias, más o menos acomodadas. Tenían un buen plato en la mesa, estaban alimentados, vestidos y educados. Sus padres les daban una seguridad económica, además del afecto, etc., etc.

¡Ah, pero eso no era suficiente, claro! Todos queremos más, como decía la canción homónima. “Cabellos largos, ideas cortas” decía la gente madura. “Cambiarlo todo para que nada cambie” denunciaban aquellos jóvenes, criticando ciertas componendas de algunos políticos de la época. La discusión empezaba en casa, entre padres e hijos. Y seguía en la calle, entre manifestantes y la policía. ¡Y la que se armó! La Revolución del sesenta y ocho en París; pero ya volveremos sobre esto.

Otro tema me interesa más ¿Lo adivina e/lal lector@? ¡Ella, claro! ¿Seguirla? ¿No seguirla? He ahí la cuestión ( ¡Cielos, esto me suena! ) . Aquél día del taxi…¿Hice bien en el hecho de seguirla? ¿No hice algo que atenta directamente a su libertad como persona? ¿Actué con ética? Claro, porque si no es así, ¿Cómo puedo plantearme siquiera el hacerlo de nuevo? ¿Debo hacerlo? Pero si no lo hago, ¿Cómo podré llegar a conocerla, a que me conozca? Si quiero acercarme a ella, deberé saber algo sobre quién es, qué es y todo eso. Porque de momento para mí es toda una desconocida. ¿Qué sé yo sobre ella? En realidad, nada. Una pena.

Veamos: Nuestro cerebro es muy complicado. El ser humano tiene unos dispositivos mentales que le permiten ir registrando toda una serie de estímulos visuales, sonoros, odorables, que van entrando en nuestro “disco duro” ( permitidme que emplee este símil informático, tan actual) y que se van guardando allí durante un cierto tiempo. Pasado un cierto momento, empiezan a borrarse si no los renovamos. Efectivamente, como dice Cicerón en su “De senectute” (“De la vejez”), “Memoria minuitur nisi eam exerceas” , la memoria disminuye si no la ejercitas.

Cada día, cuando nos dirigimos de casa al trabajo y viceversa, nuestro cerebro registra una serie de datos sobre el trayecto. De manera automática, mecánica, estamos acostumbrados a percibir solamente lo más básico, lo elemental, lo que nos hace falta para deambular por aquél itinerario conocido y repetido día a día. Muchos datos que nos llegan quedan almacenados sin que seamos conscientes de ello, porque quedan guardados en la memoria “caché” ( el subconsciente) . De vez en cuando sucede o hay algo imprevisto, diferente. Y eso lo recordamos especialmente para poderlo explicar después en la oficina, por ejemplo.

De hecho no es más que un recurso que tenemos para mejorar nuestra imagen en sociedad. ¿De qué hablaríamos sino? ¿De mujeres o de hombre o de trapitos o de…nuestras magníficas vacaciones por casualidad? Lo dicho, explicar lo que hemos visto que pasaba hoy ( o ayer) es otro recurso de que disponemos para nuestra relación con l@s colegas del trabajo.

Ella, en su disco duro tendrá mi imagen, algún sonido de mi voz, quizás también olor, recordemos el ascensor, un espacio pequeño y cerrado. Como nos vemos con una cierta frecuencia, alguna información y por tanto alguna idea se habrá forjado de mi, aunque sea algo así como “Mira, el tipo ese tan feo que vive en el piso de abajo” o quizás “Ese señor tan educado y amable que vive en la escalera” o quizás “Ese tipo tan tímido vecino mío” y ¿Porqué no? “ Me cae bien, parece simpático. Es educado” . De ilusión también se vive ciertamente…

¿Y aquellos locos con aquellos cacharros haciendo el imbécil? Yo, la verdad, que alguien juegue con mi vida gratuitamente, que alguien abuse “patientiam meam” de manera descarada y reiterada es algo que nunca he soportado. Cuando era joven me encaraba con ellos. Ahora me limito, en ocasiones, a mostrar unos ciertos conocimientos del lenguaje de los gestos; y a veces, lo acompaño con ciertas manifestaciones lumínicas o de otra índole. Tal como lo digo, a veces solo, porque en la mayor parte de ocasiones los ignoro olímpicamente; solo ofende quien puede y ellos no pueden, porque bastante pena tienen con ser lo que son; que se operen si aún están a tiempo. Soy más bien pacífico; digamos que la cierta agresividad que podía acompañarme cuando era menos maduro, con el tiempo se ha ido canalizando adoptando maneras más civilizadas.

Y volviendo a ella, digo yo que algo pensará de mí, vamos, para bien o para mal ¿No? . O me ignora totalmente. A lo mejor resulta que ni siquiera recuerda como es mi cara y que cada vez que nos vemos, para ella soy una cara totalmente nueva.¿Sabe realmente que vivimos en el mismo edificio?

Y otra vez con el tema de los coches, la policía de tráfico ¿Qué hace respecto a los malos conductores? ¿Porqué no se dedica a circular con coches camuflados a la caza de salvajes? ¿Porqué se limita casi siempre a apostarse en lugares fijos con su radar para pillar a aquellos desgraciados que conducen siempre bien, menos aquél preciso día en que se pasan en diez o en veinte kilómetros la velocidad máxima permitida? Los que lo hacen habitualmente, sabido es que llevan un radar ilegal en su coche y que gracias a él detectan el de la policía, con lo cual casi nunca los cogen con las manos en la masa.

SEGUIRA

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