EL MACHISMO

EL MACHISMO

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Por mucho que hablemos del machismo, plaga que nos ha acompañado desde que existimos como especie, este tema no lo arreglamos de momento. ¿Cuántas mujeres mueren asesinadas cada mes? “La maté porque era mía”, una estúpida frase empleada como justificación absurda.

Muchos hombres y muchas mujeres también deberían aprender a comportarse de una manera equitativa, abandonando los malos usos que practican en la vida privada.

Me explico: hay dos maneras de hacer las cosas en el seno de una pareja, sea el que sea el sexo respectivo de sus miembros. Hay la manera que podemos denominar clásica o antigua, que consiste, como es sabido, en que quien hace de hombre lleva los garbanzos y quien hace de mujer se cuida de la casa y de los hijos, básicamente.

Y después tenemos la manera, digamos moderna, más avanzada, que consiste en que los dos hacen el trabajo que haga falta, debidamente repartido a medias. Porque, claro, los hombres cuando comen ensucian, cuando van al water también, la ropa que llevan idem, la casa que ocupan, etc., también.

Y actualmente muchas parejas “modernas” , así, entre comillas, llevan una existencia desigual en derechos y en deberes, según el sexo. Resulta que ellas “están liberadas” y esto significa que han entrado oficialmente en el mundo laboral.

Así los dos trabajan fuera de casa y cuando llegan al nido empiezan las diferencias. Ellos se limitan a hacer más o menos lo que ellas dicen que hay que hacer en cada momento.

¿Quién lleva casi toda la responsabilidad de la pareja? Ellas, no ellos, claro. ¿Quién decide qué hay que hacer en el día a día? Ellas, claro que si. Si hay que lavar la ropa, o tenderla, o cargar el lavaplatos, o barrer, o fregar, o cocinar, o hacer las camas, o hacer la compra, etc., etc.; normalmente es ella la que dice “Hay que hacer tal cosa” ; y él, buenamente, condescendiente, “se rebaja” a obedecer a su mujer.

Mirad, cuando una mujer, a veces incluso muy joven, me dice “Mi marido y yo somos una pareja moderna. El me ayuda mucho en las cosas de la casa”. Yo entonces digo “Te equivocas de medio a medio. Nada de modernos sois. ¡ El trabajo de la casa y la educación de los hijos es cosa de toda la pareja, no solo de uno de sus miembros! “

Y sigo “No es cosa de mujeres, sino de toda persona que vive en la casa. Tu marido no tiene porqué ayudarte, porque es tanto trabajo suyo como tuyo. Y tu estás trabajando el doble como una estúpida “.

En la pareja clásica la mujer sabía lo que había y podía, más o menos, estar de acuerdo; porque la habían educado así desde pequeña. En el contexto en el que vivía eso era lo único que se consideraba adecuado e incluso obligatorio. La mujer normalmente lo aceptaba y basta.

El se encargaba de alimentar a la familia llevando los dineros a casa; y la mujer hacía todo lo demás; por cierto, sin cobrar un euro, sin ninguna clase de seguro; ni ningún reconocimiento tampoco por parte de él. Los hombres tenían sexo gratis y seguro toda la vida, además de criada-ama de casa-niñera, etc. En los documentos oficiales, ella constaba como “de oficio sus labores”.

Consultemos la fraseología específica:

“La mujer casada, la pata rota y en casa”, “La mujer delgada y limpia, que gorda y sucia ya se volverá”, “La maté porque era mía”, “A las nueve en casa”, “Él es un chico”, “Mujer tenía que ser”, “Conduce como un hombre, por eso lo hace bien; seguro que es una tortillera“, “Las mujeres no sirven para conducir, siempre van hablando de trapitos y nunca miran hacia delante; y cuando están a punto de chocar se tapan los ojos y gritan fuerte”, “Ahora quiere mandar como si fuera un hombre”, etc., etc.

¿Derechos humanos? ¿Y eso qué es? ¡Tiene poco que ver con esta relación mujeres-hombres!

CONTINUARA

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Los individuos clasificables como auténticamente machistas acostumbran a ser de una especie tarada, insuficiente mentalmente, cuando no lo son también físicamente. Y a veces pertenecen a aquél grupo de personas que nunca llegan a conseguir la plena madurez intelectual. Como es sabido, se calcula que cerca de un treinta por ciento de los actuales homo sapiens se quedan en el nivel de adolescentes toda la vida.

Son gente que vive como si nada, llevan una vida que parece normal, trabajan, se casan, tienen hijos, pero su tara es mental; por lo que sea no han madurado suficientemente y se han quedado a medio camino de la edad adulta.

Se trata de un grupo social muy influenciable, fácil presa de políticos agresivos y de comerciantes igualmente “avasalladores”. No son padres bastante responsables y es que el trabajo de ser padre nadie te lo enseña; aprendes sobre la marcha a base de errores normalmente; y no todo el mundo sirve para eso.

Por cierto, que esta tasa ha aumentado desde los años setenta hasta ahora. ¿Será que cada vez somos más burros? Quizás lo que sucede es que el contexto que nos ha creado la famosa aldea global; una modernidad que con su tecnología de móviles, internet, whatsapp y toda la serie de redes sociales que predominan cada vez más, nos está haciendo cada vez más inútiles; porque usamos unas máquinas cada vez más inteligentes; y que permiten que aflojemos nuestros esfuerzos mentales y físicos.

El momento de entrada de la mujer en el mundo laboral es un hecho que tiene lugar durante las guerras mundiales del siglo XX, porque las fábricas quedaban vacías y alguien había de ocupar el sitio de los hombres, que habían sido alistados en las estúpidas guerras. Muchas mujeres entraron entonces a trabajar. Y al acabar la guerra no quisieron dejarlo. Había nacido una nueva clase de obreros: las obreras , que habían demostrado que a menudo hacían mejor aquellos trabajos, antes considerados de hombres. Eran más responsables, más maduras, más cumplidoras, más fiables…

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Mujeres que se habían acostumbrado a hacer unos trabajos cobrando un sueldo por primera vez. Y al volver a casa ¿Qué? ¿Quién haría las faenas domésticas? Buena pregunta ¿No? Porque resulta que ahora estamos en el año 2020, en el siglo XX, en el tercer milenio. Pero mucha gente aún no lo sabe. Reflexionad un poco.

Ya sabéis que el hecho de que chicas y chicos de la misma edad estén juntos en la misma clase y curso es una burrada bastante discutible, porque ellas maduran antes que ellos; y que por tanto no tienen mucho que ver las unas con los otros. Ellas son ya mujercitas mientras que ellos aún son unos críos.

Ellas, más maduras, más conscientes, generalmente son más aplicadas en los estudios. Y ellos en general suponen un estorbo para ellas bajo el punto de vista académico. Sin ellos, ellas avanzarían más y mejor. ¿Me dejáis añadir aquí una frase clásica? “Ignavis semper feriae sunt (Para los perezosos siempre es fiesta).

Está comprobado que cada vez hay más mujeres que ocupan cargos profesionales de más responsabilidad. ¿Porqué creéis que será? ¿Porque llevan moño o por el pintalabios? Pues tened en cuenta que a estas mujeres que han llegado tan alto les ha costado, por el hecho de ser mujeres y no hombres, mucho más trabajo y mucho más sufrimiento conseguirlo; y evidentemente han llegado a ello porque eran mucho mejores en el trabajo que cualquiera de sus compañeros.

Si, mujer, si. Tu marido, tu pareja, aquella persona que convive maritalmente contigo, con matrimonio religioso o civil, o sin matrimonio de ningún tipo; simplemente como pareja, tiene o habría de tener los mismos derechos y obligaciones que tu en lo que respecta al mantenimiento del domicilio que habitáis. Todo de común acuerdo y a medias, claro que si: hay que hacer la comida, limpiar todo lo que convenga en vuestra mansarda

Y si tenéis hijos, los tenéis que educar bien, no son animalillos. No hay suficiente con alimentarlos y hacer que vayan vestidos, o comprarles la bici o la moto o el coche. Ser padre-madre es algo más. Si son de sexo diferente hay que educarlos exactamente igual. No vale eso de “Yo soy un chico”. Esta historia ya nos la conocemos demasiado. Todos por igual quiere decir todos por igual. No eduquéis diferentemente a la hija que al hijo, no cometáis este error tan frecuente.

La idea de que la mujer cuando se casa pierde el nombre, su identidad, es común a casi todo el mundo. Solo hay que mirar cerca nuestro, en Occidente. En la práctica totalidad de países europeos, la mujer pierde el apellido y toma el del marido. Una estúpida idea en mi opinión. En Espanya la mujer pasa a llamarse “Señora de Fulano”.

Y claro, Fulano es el apellido del marido. ¿Qué quiere decir esto? Está muy claro, que ella es una propiedad de él. Aquí no valen excusas ni explicaciones más o menos suavizadoras del tema. ¡Es así y basta! Machismo, machismo.

Todavía ahora las leyes que tenemos no son suficientes para impedir que unos jueces estúpidos y machistas traten a una mujer violada como si fuera una delincuente, en vez de una víctima. Y es que leyes ya tenemos, ya, pero no todo el mundo que puede (por las titulaciones académicas que tiene) las aplica debidamente. ¿Hay que ir a Oriente para ver qué pasa? Mejor que no. Como se dice vulgarmente, “Corramos un tupido velo”.

Continuará

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