EL MACHISMO 1

El machismo 1

1 de ago. de 2020

Por mucho que hablemos del machismo, plaga que nos ha acompañado desde que existimos como especie, este tema no lo arreglamos de momento. ¿Cuántas mujeres mueren asesinadas cada mes? “La maté porque era mía”, una estúpida frase empleada como justificación absurda.

Muchos hombres y muchas mujeres también deberían aprender a comportarse de una manera equitativa, abandonando los malos usos que practican en la vida privada.

Me explico: hay dos maneras de hacer las cosas en el seno de una pareja, sea el que sea el sexo respectivo de sus miembros. Hay la manera que podemos denominar clásica o antigua, que consiste, como es sabido, en que quien hace de hombre lleva los garbanzos y quien hace de mujer se cuida de la casa y de los hijos, básicamente.

Y después tenemos la manera, digamos moderna, más avanzada, que consiste en que los dos hacen el trabajo que haga falta, debidamente repartido a medias. Porque, claro, los hombres cuando comen ensucian, cuando van al water también, la ropa que llevan idem, la casa que ocupan, etc., también.

Y actualmente muchas parejas “modernas” , así, entre comillas, llevan una existencia desigual en derechos y en deberes, según el sexo. Resulta que ellas “están liberadas” y esto significa que han entrado oficialmente en el mundo laboral.

Así los dos trabajan fuera de casa y cuando llegan al nido empiezan las diferencias. Ellos se limitan a hacer más o menos lo que ellas dicen que hay que hacer en cada momento.

¿Quién lleva casi toda la responsabilidad de la pareja? Ellas, no ellos, claro. ¿Quién decide qué hay que hacer en el día a día? Ellas, claro que si. Si hay que lavar la ropa, o tenderla, o cargar el lavaplatos, o barrer, o fregar, o cocinar, o hacer las camas, o hacer la compra, etc., etc.; normalmente es ella la que dice “Hay que hacer tal cosa” ; y él, buenamente, condescendiente, “se rebaja” a obedecer a su mujer.

Mirad, cuando una mujer, a veces incluso muy joven, me dice “Mi marido y yo somos una pareja moderna. El me ayuda mucho en las cosas de la casa”. Yo entonces digo “Te equivocas de medio a medio. Nada de modernos sois. ¡ El trabajo de la casa y la educación de los hijos es cosa de toda la pareja, no solo de uno de sus miembros! “

Y sigo “No es cosa de mujeres, sino de toda persona que vive en la casa. Tu marido no tiene porqué ayudarte, porque es tanto trabajo suyo como tuyo. Y tu estás trabajando el doble como una estúpida “.

En la pareja clásica la mujer sabía lo que había y podía, más o menos, estar de acuerdo; porque la habían educado así desde pequeña. En el contexto en el que vivía eso era lo único que se consideraba adecuado e incluso obligatorio. La mujer normalmente lo aceptaba y basta.

El se encargaba de alimentar a la familia llevando los dineros a casa; y la mujer hacía todo lo demás; por cierto, sin cobrar un euro, sin ninguna clase de seguro; ni ningún reconocimiento tampoco por parte de él. Los hombres tenían sexo gratis y seguro toda la vida, además de criada-ama de casa-niñera, etc. En los documentos oficiales, ella constaba como “de oficio sus labores”.

Consultemos la fraseología específica:

“La mujer casada, la pata rota y en casa”, “La mujer delgada y limpia, que gorda y sucia ya se volverá”, “La maté porque era mía”, “A las nueve en casa”, “Él es un chico”, “Mujer tenía que ser”, “Conduce como un hombre, por eso lo hace bien; seguro que es una tortillera“, “Las mujeres no sirven para conducir, siempre van hablando de trapitos y nunca miran hacia delante; y cuando están a punto de chocar se tapan los ojos y gritan fuerte”, “Ahora quiere mandar como si fuera un hombre”, etc., etc.

¿Derechos humanos? ¿Y eso qué es? ¡Tiene poco que ver con esta relación mujeres-hombres!

CONTINUARA

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