SEGOVIA, UN PAISAJE

Este escrito va fundamentalmente de paisaje. El paisaje, sí, pero ¿qué es? ¿Qué significa esta palabra? Veamos que nos cuenta el diccionario sobre ella:

—La palabra paisaje viene de la expresión francesa pays, paysage. Y significa un “campo visible desde un sitio concreto”. ¿Qué quiere decir esto? Según parece, paisaje es la porción de terreno que tenemos a la vista en un momento determinado; de todos modos, algunos matizarían este contenido, pero no vamos a entrar en ello ahora.

Existe un paisaje urbano y otro campestre, digamos “civilizado”. Es el llamado ager, el terreno que muestra la ocupación humana. Y aún hay otro, que es el rudus, aquel que no denota esa presencia nuestra; el campo natural, antes de la intervención del máximo depredador, el ser humano.

Todavía podríamos aquí señalar la existencia de un paisaje “natural”, que aunque no aparente haber sido ocupado, en realidad está siendo explotado.

Todo puede cambiar, tanto en el medio rural como en el urbano. Yo recuerdo cuando mi calle en Madrid era una amplia avenida, la Reina Victoria, con un paseo ancho, con unos árboles centenarios. Pero llegaron los años sesenta y el ayuntamiento decidió cortarlos y convertir aquello en una pista rápida. El aspecto del lugar cambió radicalmente. ¡Una auténtica lástima!

El medio campestre también puede tener sus cambios. No ofrece el mismo aspecto en invierno, que en verano o en otoño. La vegetación es cambiante a lo largo del año. Y si llega el ser humano e interviene, la transformación puede ser definitiva.

El paisaje segoviano nos hace disfrutar mirándolo; cuántos/as artistas se han dedicado a recrearlo con sus pinceles. No haremos citas aquí por no extendernos demasiado.

En lo que respecta al mundo urbano, también hemos visto que puede cambiar: pensemos por ejemplo en la Segovia de principios del siglo XX; se conservan muchos grabados y fotos que nos permiten conocerla bien.

Tanto las calles en sí mismas como los vehículos que transitan por ellas y las personas que vemos, han cambiado sus tipos de ropa. Por pequeña que sea la reproducción que estemos mirando, esto es fácilmente apreciable en ella.

Además, muchos edificios han sido derruidos y substituidos por otros de aspecto muy distinto. Claro que en la capital segoviana hay algo con suficiente personalidad, que le da un sello especial y que además, por fortuna, es inamovible. Incluso el tráfico rodado del centro depende totalmente de ello:

¡Cómo no! ¡Uno de los acueductos romanos más conocidos, famosos e importantes del mundo! Magníficamente conservado y en uso como tal, hasta no hace muchos años; atraviesa todo el centro urbano y se muestra en su gran majestuosidad; y permite que nuestra ciudad sea conocida en todas partes por su acueducto.

No has ido a Segovia si no has visto el acueducto, si no has comido en alguno de los restaurantes próximos a él, con sus magníficos asados: lechón, cordero, cabrito…Y bien regados con caldos exquisitos. Un recuerdo que nunca se olvida. Y siempre se quiere volver a esta ciudad milenaria, para ver el acueducto, recorrer sus calles y curiosear por sus tiendas de recuerdos, para ver qué compraremos cada vez que vayamos.

¿Y su catedral? Un gótico magnífico, de los mejores que tiene España; y hablamos de un país que, por el camino de Santiago, posee numerosos templos de gran calidad artística. Pero la cátedra de Segovia tiene un encanto especial. No es este ni el lugar ni el momento para una mayor descripción. Solo apuntaremos que pertenece al gótico tardío español y que fue la última que se construyó en este estilo en nuestro país, a mediados del siglo XVI.

Toda la ciudad es un auténtico museo urbano; sus calles medievales del casco viejo, sus iglesias románicas porticadas, sus edificios nobles, su gastronomía en la que ocupan un destacado lugar, solo por destacar algo, sus yemas de Santa Teresa…

¿Y su clima? Segovia es una de las ciudades de la Meseta superior, y por ello tiene una altitud considerable: unos mil metros sobre el nivel del mar. Su clima es templado, de clase continental; ello quiere decir básicamente seco y bastante frío en invierno; la diferencia entre los meses de invierno y los de verano es importante. La escasa humedad lo convierte en un lugar sano, al estar alejado de cualquier mar.

Su Alcázar, magnífico baluarte principesco que durante muchos años sirvió de Academia de Artillería, desde el siglo XVIII hasta mediados del siglo XX. Un castillo-palacio de estilo francés, gótico y herreriano, edificado sobre la unión de dos ríos: el Eresma y el Clamores. Hoy día es un museo abierto al público.

La mayor parte de las ciudades que tenía la Hispania romana, hoy en día han variado más o menos sus nombres. Pero Segovia ya se llamaba así en época romana, según nos cuentan las fuentes. Parece que este topónimo tiene sus raíces en el mundo celtibérico, pero como la lengua de esa cultura no ha sido traducida todavía, no se tiene la total seguridad.

¿Y qué diremos del territorio segoviano, fuera ciudad? Amplias dehesas, buenos pastos, campos cultivados; en una tierra que mira por un lado hacia la sierra y por otro hacia el río Duero; campos de viñas, que producen ricos vinos: desde el área de Rueda hasta la de Ribera del Duero, ambas con denominación de origen; son vinos de la máxima calidad que se exportan a todo el mundo.

Repartidos por el territorio tenemos a los llamados verracos, vestigios de las antiguas civilizaciones que ocuparon estas tierras antes de los romanos; eran los celtíberos, unos pueblos autóctonos que fueron aculturizados primero por fenicios y griegos, y posteriormente por los romanos; fueron estos los que le dieron a este territorio su prosperidad, con mención honorífica al mundo árabe de Al-Ándalus.

En realidad, durante toda la historia estos lugares han estado habitados por diferentes gentes, porque reúnen las condiciones adecuadas para ello: tienen agua abundante, más de lo que en el siglo XVIII se pensaba, y un clima templado. Su buena altitud media permite una vida con un confort, pese a los fríos invernales.

De ello tenemos pruebas evidentes; no hay más que ver en el Museo de Segovia los restos del paleolítico, del neolítico, de la edad del bronce y de la del hierro; además de lo celtíbero y romano.

Capítulo aparte son sus dólmenes, como el de Bernardos; en este sentido hará falta una mayor investigación prospectiva, que sin duda facilitará el hallazgo de otros monumentos funerarios megalíticos como este.

Poco es lo que podemos decir en una rápida pincelada como esta.

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Publicado por ramonmontanyàimaluquer

Nacido en Madrid, 1947. Doctor en Filosofía y Letras, arqueólogo y escritor. Jubilado, ha ejercido de profesor en la UNED y es catedrático de secundaria. Actualmente vive en Ponts.

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