ESOS VERANOS FELICES

ESOS VERANOS FELICES…ELVERANODEMIVIDA

¡Los mejores veranos de mi vida! Yo, que vivía en una ciudad grande como Torino, iba con mi familia a un pueblo de unos mil quinientos habitantes, cuyo nombre no citaré, para no herir susceptibilidades.

Era un cambio brutal, de veras. Pasar de vivir en un barrio residencial urbano de clase media alta, a hacerlo durante tres largos meses

 ( algunos años cuatro) en un pueblo como ese. Claro que hay que decir que de eso hace ya muchos años; eran los  cincuenta y un sitio como aquel era muy distinto de la gran urbe donde nací.

Era donde vino al mundo mi padre; claro que él de chaval estudió y como era inteligente y voluntarioso, despegó y casi no volvió a su lugar de infancia. Íbamos toda la familia, pero mi progenitor se quedaba en la ciudad, trabajando; de Rodríguez, como se decía entonces. Tenía que hacer muchas horas extras para podernos mantener.   Pero me parece que eso lo utilizaba como excusa para no ir con toda la tribu.

San Gob…era un villorrio muy, digamos, natural, auténtico; por él parecía que no había pasado el tiempo. Los que si pululaban cada día eran los burros, los caballos, las ovejas y las cabras. Y algún que otro cerdo que pasaba por allí…Sin olvidar las terneras.

Animalitos; y claro, iban dejando sus recuerdos en forma de excrementos. Había toda una tipología de ellos, repartida convenientemente por las calles y plazas. Grandes, pequeños; a destacar los que regalaban las numerosas vacas que vivían en el lugar; popularmente conocidos como catalinas, por cierto. Vete a saber por qué; es como la mayor parte de cosas que se dicen, que nadie sabe cómo se originaron; y quedan sumidas en el terreno de la leyenda.

Claro que para un niño como yo, de cinco años, el cambio era brutal. Yo, que siempre he sido muy curioso, encontraba interesantísimo ese lugar. Y lo era, de verdad. Como estaba en mitad de un cruce de carreteras (o caminos, según se vea) en él había momentos mágicos, como los días de mercado.

Sí, en esas ocasiones la población aumentaba considerablemente, porque de todas las casas de campo que había alrededor, la gente bajaba al mercado; eso pasaba una vez por semana, exactamente los sábados.

 Y el pueblo se llenaba de personas que caminaban tranquilamente por sus calles. Iban mudados, como de domingo; para ellos era una especie de fiesta bajar al pueblo.

No eran ciudadanos, por tanto lo que hacían era pasear; tenían tiempo de sobras; no les hacía falta correr; no estaban estresados como quien vive en la ciudad. Realizaban sus negocios en un ambiente ameno.

Llegaban en sus carros, cabalgando mulos, caballos…o a pie sencillamente. Y se dedicaban sin prisas a lo que habían ido a hacer. Sobre todo charlar entre ellos; era gente muy amable y acogedora, no como la de la ciudad. Se saludaban contentos, y se preguntaban por la familia, por los hijos…

Iban a las tres panaderías que había con un saco de esparto grande para meter los cinco o seis panes de dos kilos que compraban para toda la semana. Años atrás, todos tenían un horno en sus casas, y se hacían ellos mismos este alimento tan imprescindible. Pero con la modernidad, ahora preferían comprarlo en la tienda.

Había cuatro herrerías, que trabajaban sin descanso todos los días de la semana, excepto el domingo, porque sino el cura se enfadaba y los regañaba. Arreglaban herraduras, las cambiaban, etc. Y hacían verdadero trabajo de forja, moldeando el metal con maestría. También reparaban los carros, que eran de madera, claro, y llevaban unas ruedas del mismo material, con unos aros de refuerzo alrededor, como una especie de llantas.

Como los caminos eran bastante malos, y las escasas carreteras igual, a menudo se rompía alguna pieza y había que repararla. Siempre había carros aparcados en esos talleres. En realidad estaban por todas partes, circulando o aparcados por todos lados.

Y hablando de los excrementos que ocupaban todas las calles, ningún problema. Siempre había gente recogiéndolos con una paleta o con las manos. Se lo llevaban a casa, lo dejaban secar unos días y lo usaban para encender el fuego, o la estufa si era invierno. Si lo cogían durante los meses de calor, lo guardaban hasta que venía el frío.

¿Miseria? Sí, desde luego, la postguerra fue muy dura para casi todos; solo algunos privilegiados lo pasaron bien. Pero corramos un tupido velo sobre eso, mejor…La segunda guerra mundial hacía poco que había acabado y Europa intentaba recuperarse con los préstamos que los USA facilitaba.

El continente estaba físicamente destruido y había que rehacerlo. En eso, los únicos que hicieron el gran negocio fueron los USA; era lo mismo que hicieron tras la primera guerra mundial. Vamos a correr aquí otro velo y esperemos que sea muy tupido…

Yo veía maravillado toda esta actividad comercial del lugar. Miraba cómo el veterinario, toda una autoridad, ponía inyecciones a los mulos, con una enorme jeringuilla.

—¿No les duele? —Le preguntaba yo—No, tienen la piel muy dura y para ellos es como si les picara una mosca. Eso me sorprendía, porque las inyecciones a mi me daban pánico; y me costaba entender eso.

Mis padres alquilaban una casa todo el verano; era muy grande; tenía dos pisos, una buhardilla y una bodega. Y toda la planta baja estaba ocupada por cuadras; y es que en aquellos años, quien tenía animales, tan necesarios para los trabajos del campo, los guardaba en su vivienda, en los bajos.

En realidad toda la población tenía un olor específico, distinto del que despide el cemento de la ciudad. Fue una experiencia interesantísima; tuve vivencias que me marcaron mucho y que nunca olvidaré. No había ninguna piscina, claro; pero sí un buen río, bastante caudaloso. Era una delicia hacer de Tarzán saltando de los árboles al agua y buceando.

Actualmente tengo una casa allí, que compré cuando acabé la carrera; y al jubilarme me instalé en ella.

SSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS

Publicado por ramonmontanyàimaluquer

Nacido en Madrid, 1947. Doctor en Filosofía y Letras, arqueólogo y escritor. Jubilado, ha ejercido de profesor en la UNED y es catedrático de secundaria. Actualmente vive en Ponts.

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