MI SALSA DE TOMATE A LA ITALIANA

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MI SALSA DE TOMATE AL ESTILO ITALIANO

Ya se sabe que el tomate es uno de los alimentos más sanos que conocemos. Y se lo debemos a los pueblos precolombinos, porque como la patata, otro elemento fundamental para la alimentación,  fue importado del continente americano por los invasores espanyoles de aquel continente.

La salsa de tomate, una receta sencilla pero que, como todo, conviene cuidar. Como siempre, existen tantas maneras de hacerla que a veces hacen pensar que hablamos de platos diferentes.

A mi me gusta que tenga un buen cuerpo y un buen sabor. Y también, a veces, me encanta encontrar en ella trozos a medio picar, de tomate, cebolla, ajo…Por eso la hago de dos maneras distintas, simplemente picándola más o menos con el minipimer. Y como cada vez pongo una olla grande, la divido en dos porciones  y una de ellas la trituro más que la otra.

Ya que estoy, por el mismo trabajo y por el tiempo empleado, hago siempre una cantidad “auténtica”, sería un poco tonto hacer la salsa de poquitos en poquitos. Se emplea una perola y se congela en porciones medianas (no tienen por qué ser individuales) lo que no se va a usar de momento. Y se tiene un remanante siempre a punto.

Los ingredientes que empleo son:

Ocho o diez dientes de ajo ¿se nota que me gusta mucho? Si lo preferís, podéis quitarles la semilla y perderán su fuerza y un poco de sabor nada más. La semilla es esa especie de hilo verde que tiene cada diente en su interior; para quitarlo hay que cortar el diente en sentido vertical por en medio.

Una cebolla grande o dos medianas. También la cebolla es una de mis favoritas. Si no queréis que sea tan fuerte, podéis tenerla en agua unas horas o incluso cocerla unos pocos minutos. Aunque al pochar también perderá esa fuerza.

Aceite de oliva virgen extra, 2 cucharadas soperas.

Veinte tomates rama o cualquiera, pero que sean más bien maduros, no pongáis tomates verdes.

Una cucharada sopera de albahaca picada.

Una cucharada sopera de perejil picado.

Dos cucharadas soperas de orégano.

Una cucharada de ajo en polvo.

Una cucharada de pimienta, mejor negra pero cualquiera sirve, no tengáis manías..

Una pastilla de estevia rebaudiana; la venden en pequeños botes con dosificador. Una de sus cualidades es su dulzura.  No os paséis en la dosis o fracasaréis en el intento. Para mi es el único edulcorante que, como es natural, no hace daño a nuestra salud como todas esas sacarinas, aspartamos y pestes variadas que nos ofrece el mercado. Ponerle sacarina al café es un error; es mejor el azúcar y aún más, la miel. Por muy diabético que seas. Y siempre mejor el moreno.

Y si tenéis en casa un par de plantas, mejor que mejor. Sirven tanto las flores como las hojas. Y ojo, endulzan mucho. En nuestro clima templado son caducas, pero a veces, cortándolas bien al empezar el otoño y protegiéndolas del hielo invernal, pueden sobrevivir y rebrotar en primavera.

Una cucharadita de sal. Ojo, no os paséis, ocasión tendremos de ponerle más antes de acabar.

Preparación:

A mi me gusta emplear un buen recipiente: una olla a presión, aunque abierta. Son de muy buen material y conducen perfectamente el calor de manera uniforme. Son de buen acero quirúrgico. Tengo una muy vieja, que ya no sirve para presión porque los elementos de la tapa se estropearon, y la uso para cosas como esta. Es de ocho raciones.

Pongo la olla al fuego con el aceite. En seguida añado los ajos picados y dejo que se tuesten un poco hasta que salten, pero que no se quemen. En ese momento echo la cebolla picada. Bajo el fuego y pongo un poco de sal. Dejo que cueza removiendo de vez en cuando durante unos diez minutos, dependiendo del tipo de fuego que usemos.

Subo el fuego a potencia media y cuando veo que la cebolla ha pochado adquiriendo ese color dorado característico y ese olor especial,  añado la albahaca, el orégano, el polvo de ajo y el perejil. Todos estos productos los encontramos en el mercado en pequeños botes muy útiles. Y remuevo bien, que todo se mezcle rápidamente.

Cuando todo forma un conjunto uniforme, siempre removiendo, meto el tomate. Esto puedo hacerlo de manera diferente, según me apetezca en cada momento. Lo puedo haber triturado o simplemente cortado en trozos antes de meterlo en la olla. Es igual; si ya está picado será más fácil y sino, con unas buenas tijeras de cocina lo voy cortando una vez dentro de la olla.

 Ambos sistemas van bien y solo dependen de las ganas de trabajar que tengamos. Primero a fuego fuerte, pero ojo, el tomate al calentarse salta mucho. Sino queréis poner la cocina perdida, usar una buena tapa, que para eso están. Un par de minutos y bajo el fuego a poca potencia. Mientras, cortando los tomates. Con el calor, pronto se irán deshaciendo.

Yo últimamente suelo meter el tomate en trozos, en vez de triturarlo. Por una sencilla razón: para triturarlo hay que añadir siempre agua a la batidora para que no se queme el motor (a menos que tengáis una industrial más potente). Y el tomate de por sí ya lleva bastante agua. Poniéndolo sin machacar queda mucho más denso en menos tiempo.

Removiendo de vez en cuando a fuego lento, acabo de trocear los tomates y les pongo algo más de pimienta, la sal i la pastilla de estevia. Luego ya tendré ocasión de rectificar, para dejarlo en su punto. Tapado, solo removiendo de vez en cuando.

Entre quince y veinte minutos lo tendremos casi listo. Pruebo como está de sal y si conviene la añado ahora. Remuevo y una vez rectificado a gusto, dejo cinco minutos más y retiro la olla del fuego, sin apagar.

Con el minipimer trituro todo. Mientras habrá acabado de hervir. Entonces  vuelvo a ponerlo al fuego, con más potencia, hasta que da otro hervor durante un par de minutos al menos. Entonces apago. Ya tenemos nuestra salsa a punto.

Esa última cocción es conveniente hacerla para que no fermente el alimento que acabamos de cocinar. Recordad que siempre que hagamos una comida que lleve salsa, como un potaje, sopa, caldo, estofado, etc., hay que darle una última cocción por motivos de salud.

Conviene que la salsa enfríe rápido, pero no se os ocurra meterla en la nevera. Yo la pongo al baño María en la fregadora, con muchos cubitos de hielo alrededor. Y si es en invierno y fuera la temperatura es baja, al cabo de un rato dejo la olla fuera, tapada herméticamente, claro.

Y ya tenéis la salsa de tomate a la italiana.

Y un día que queráis darle un toque exótico en plan oriental, podéis añadirle una cucharada sopera de cúrcuma o de curry, al mismo tiempo que echáis las hierbas aromáticas. Y tendréis una salsa de tomate a la india o a la china.

SSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS

Publicado por ramonmontanyàimaluquer

Nacido en Madrid, 1947. Doctor en Filosofía y Letras, arqueólogo y escritor. Jubilado, ha ejercido de profesor en la UNED y es catedrático de secundaria. Actualmente vive en Ponts.

2 comentarios sobre “MI SALSA DE TOMATE A LA ITALIANA

  1. Penso lo mateix amb la manera de cuinar plats pràctics i mediterranis són sencills i amb ingredients què porten aliment!!!la tomata també ho faig igualment ,l’orenga no ni poso perquè no m’agrada él gust però alls si ,ceba ,tomata amb pela una mica de sal i sucre de moment ,pebre també 👍

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    1. Hola, moltes gràcies pel teu comentari. Sempre he pensat que el manjar és un dels millors plaers que tenim. De petit em passava moltes estones a la cuina xafardejant el que feien allà. I des que ho vaig descobrir com afició no he parat de jugar a fer coses que m’agraden. Sense cap pretensió, clar, només divertir-me i la satisfacció de fer quelcom que funciona. I si ho puc transmetre als demés, tant millor!

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