EL MACHISMO continuación

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—Sí, claro, me explicaré: a ver, si los dos vivís en el mismo piso, trabajando ambos fuera de casa, en vuestro hogar tenéis las mismas obligaciones, sin distinción.

—¿Cómo? — salta Juan.

—¡Déjale acabar, hombre! —le dice Teresa.

—Si me dejas os lo diré, sino…

—Sí, sí, por favor; anda, Juan, siéntate, no seas borde como siempre—insiste Teresa.

—Es muy sencillo, las responsabilidades del mantenimiento de vuestra casa son cosa de los dos, por un igual.

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—Bueno, pues os comunico que os equivocáis de medio a medio. Decir que tú Juan eres muy moderno, cuando resulta que en realidad no eres más que una especie de hombre de las cavernas reciclado—explica Jaime.

El marido se levanta y se dirige hacia Jaime, aparentemente con malas intenciones. Su mujer le detiene:

—¡Quieto, Juan, calma! — dice un poco asustada; seguro que no te quería insultar Jaime; debe de haber alguna razón. Explícate, Jaime, por favor.

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CAPÍTULO  V

—Pues veréis, tú eres tonta; y él es un listo aprovechado—explica Jaime.

—¿Cómo? —dice el marido.

—¿Qué? — pregunta su mujer.

Los dos se muestran muy sorprendidos y ofendidos; consideran un insulto lo que ha dicho Jaime.

—Tranquilos, no os pongáis nerviosos, que os lo explico: tú, Teresa, trabajas en el super ocho horas al día, ¿no? —sí—dice ella.

—Y tú, Juan, en la oficina lo mismo, ¿verdad? — ¡Pues claro! —replica Juan, cada vez con más aire de enfadado.

CONTINUARÁ

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—Sí, claro, —dice ella—me ayuda mucho en la casa: mete los platos en la máquina, barre, alguna vez incluso friega, pone la mesa…

—A ver, contesta el otro: ¿qué quieres decir con eso de que te ayuda mucho? ¿Qué barre, friega, pone la mesa…?

—¡Sí, claro! — Dice ella, algo mosqueada.

—¿No oyes bien? ¿acaso eres sordo? —exclama el marido, picado ya.

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                                          SIGUE MACHISMO Tras la pausa navideña

Veamos ahora otra instantánea:

En un café hay un grupo de personas jóvenes sentadas a una mesa de la terraza; son seis en total, entre chicas y chicos:

—Pues mi marido es muy moderno y muy considerado—está diciendo una joven bien vestida, con un traje color azul cobalto y luciendo una espesa melena color castaño.

—¿Sí? ¡ Qué suerte tienes, porque el mío es de los antiguos, es muy conservador. Claro, estuvo muchos años en el seminario de los curas y le dieron una educación muy clásica.

Aquí interviene otro del grupo, un tal Jaime:

—¿De verdad es muy moderno tu marido, ahora que no nos oye? — Está bromeando, porque el aludido está presente, junto a su mujer.

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—También es mi hija, no lo olvides, y la educo como quiero, faltaría más…El hombre le da un fuerte bofetón a la mujer, diciendo:

—No me repliques, estúpida, y tráeme una cerveza.

Ella, dolorida y humillada, retrocede unos pasos—eres un animal—¿quieres más? —dice él—venga, no me hagas enfadar, mi cerveza que estoy cansado; he trabajado mucho hoy, como siempre—dice el marido. Ella obedece, teme una segunda bofetada de su hombre.

SEGUIRÁ

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Otro cambio de lugar y momento:

Pepita, no tardes mucho en volver, ya sabes que a papá no le gusta que llegues después de las ocho—sí, mamá, descuida—responde la aludida—pero José vuelve cuando quiere.

—José es un chico, Pepita, no lo olvides—responde la madre.

—Y tampoco se hace la cama nunca, tengo que hacérsela yo siempre; eso no es justo—empieza a protestar Pepita.

En ese momento entra el padre:

—Eso es trabajo de mujeres, ¿es que no lo sabes aún? ¿qué clase de educación le estás dando a mi hija, Pepa?

SEGUIRÁ

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EL MACHISMO CONTINUACIÓN CAPÍTULO IV

EL MACHISMO CONTINUACIÓN   CAPÍTULO   IV

Pero nosotros/as cambiamos de escenario: nos hallamos en un domicilio particular, un piso sencillo de dos habitaciones:

—José, ¿quieres ayudarme con esto? Yo sola no puedo—voy cariño, un momento.

Y pasa un rato:

—¿Vienes o no? Se me está durmiendo la mano, esto pesa mucho—dice ella.

—¡Ya voy, diantre! ¿Es que no puedes esperar ni un momento? Van a meter gol y me lo perderé.

SEGUIRÁ

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EL MACHISMO Continuación

                               EL MACHISMO  Continuación                                          

En la sala hay una mesa en un rincón con dos ordenadores; rápidamente ambos han sido ocupados, casi a la carrera, porque no hay suficientes para los doce profesores que son:

—A ver cuándo tenemos un gesto y ponemos más ordenatas, caramba—dice uno bajito y flaco, con grandes gafas; es el profesor de Informática, que anda harto ya de no poder jugar todo el rato con un ordenador concreto; siempre ha de respetar los turnos.

—Los tengo pedidos hace dos meses, me prometieron que antes de acabar el curso…—dice el director—pamplinas, siempre prometen lo mismo, no me lo creo—replica el informático—bueno, calma, poco a poco, paciencia—contesta Gerardo, el director—sí, y una caña—opina el de Informática.

—Hay que tener paciencia, Luís, todo a su tiempo.

                                                       CONTINUARÁ

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Otro cambio de lugar y momento:

Pepita, no tardes mucho en volver, ya sabes que a papá no le gusta que llegues después de las ocho—sí, mamá, descuida—responde la aludida—pero José vuelve cuando quiere.

—José es un chico, Pepita, no lo olvides—responde la madre.

—Y tampoco se hace la cama nunca, tengo que hacérsela yo siempre; eso no es justo—empieza a protestar Pepita.

En ese momento entra el padre:

—Eso es trabajo de mujeres, ¿es que no lo sabes aún? ¿qué clase de educación le estás dando a mi hija, Pepa?

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