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Un fenómeno turístico y religioso: El camino de Santiago

El Camino de Santiago, santo que aparece con  distintas denominaciones  según el país (San Jaume, Jacub, Jacob, Sant Iago, San Jacme, Saint-Jacques, Santiago, Jaime...) ¡Qué gran invento! Podemos considerarlo la primera ruta turística organitzada y duradera, al menos de la historia de occidente. Con la excusa de que los restos del apóstol estaban allí, se montó una gran vía de peregrinación.

Claro que, como es sabido, a Santiago nunca se le ocurrio venir por occidente, eso seguro. Y aquella historia de que su cadáver se guardaba en Mérida y que los monjes lo llevaron hacia el norte, para salvarlo de los musulmanes, es también poco sostenible a la luz de la ciencia.

Para explotar el utópico hecho de que los restos de Santiago estuvieran allí, se construyó un pequeño edificio religioso, que con el tiempo fue siendo substituido por otros, hasta llegar a la gran iglesia de peregrinación que ahora conocemos.

Se predicó por todo el mundo cristiano del momento y se consiguio atraer a una gran masa de fieles.

Hasta entonces, Roma había sido la principal meta del peregrinaje, porque la llamada Tierra Santa(Belén, Jerusalem, Judea) estaba en manos musulmanas. Este hecho convirtio a Santiago en la principal ruta para los cristianos piadosos; después, claro está, de la llamada Ciudad Santa, Roma.

¿Cuándo empezó esto? Pues en el siglo IX, siendo rey de Asturias Alfonso II el Casto; parece ser que otra de las leyendas de esta historia empieza aquí, con un “hallazgo milagroso”, con la actuación de una estrella indicadora, y siguiendo la ancestral costumbre de aparición de efigies de vírgenes y santos por todo el mundo cristiano.

Para conseguir que esta idea fructificase, había que montar toda una infraestructura; hay que tener en cuenta que los viajes eran muy peligrosos y llenos de dificultades.

Muchos peregrinos acudían de muy lejos, desde media europa, y tenían que llegar al “fin del mundo”, bastante cerca de Fisterra, nombre que hace recordar su origen latino (Finis terrae, el fin de la Tierra).

La sociedad de aquellos tiempos, recordémoslo, pensaba realmente que la Tierra acababa allí; que más allá solo encontrarían el mar, el océano, todo lleno de grandes y peligrosos monstruos que atacarían a los navegantes que tuvieran la osadía de aventurarse.

Y así se creó no una sino muchas rutas, que por diferentes lugares iban a parar a Santiago de Compostela; haciéndola así más importante incluso que la propia Roma, como centro de peregrinaje. Atravesando países y países, tenían un objetivo común: adorar las relíquias del santo.

Una de las motivaciones principales para que este montaje viajero triunfase, fue la crisis del año 1000. Teniendo cerca esta cifra de anuario, surgio un movimiento general de miedo a lo desconocido; se pusieron de moda las predicciones, las adivinaciones, las conjeturas de futuro que preveian grandes desgracias; e incluso el fin del mundo.

Muchos pensaban que se acercaba el Juicio Final, que la vida de la humanidad había llegado al fin de su existencia.

Predicadores, santones y adivinos llenaron la cabeza de aquellas pobres multitudes de pensamientos nefastos, mientras las invitaban a la plegaria como pecadores…¡Dios pronto las castigaría a todas con el infierno!

Pero llegó el año 1000, y después el 1001, el 1002 y…no pasó nada. ¡El mundo continuaba rodando por el espacio, tal cual ! ¿Qué había fallado? ¿Qué excusas pondrían entonces los grandes “sabios proféticos” del momento?

¡Ningún problema! ¡Dios, en uno de sus actos piadosos, los había perdonado y había concedido una prórroga a sus creados! Y para agradecerle el gesto, sus seguidores construirían aún más iglesias.

Así, una vez superada la gran crisis del  año 1000, hubo un renovado interés por la edilicia religiosa; se edificaron numerosos templos por todo el territorio de occidente. Además había que proveer diversas rutas de peregrinaje; Roma y Santiago de Compostela principalmente.

Y fue entonces, en el siglo XI, cuando se produjo la reforma cluniacense, la de los llamados  monjes negros, por el color del hábito que llevaban, seguidores de la regla de San Benito. Los creadores del arte románico, que se desarrolló a lo largo de dos centurias.

Los sitios por los que pasaban estas calzadas pronto se diferenciaban del resto. Eran más cosmopolitas, con una población más diversificada y más informada en general. Era una gente más acostumbrada a ver forasteros de todo tipo por su porción de mundo.

Eran como una isla dentro de la negrura cultural del momento. El hecho de que pasara por allí uno de esos caminos, hacía que se pusieran al día, que se quitasen de encima las telarañas del tiempo que cubrían el resto de territorios.

Ver circular cada día aquellas grandes fortunas, inalcanzables para el común de los mortales, adecuadamente custodiadas por unos guardias armados hasta los dientes…Se acababa estableciendo una especie de relación secundaria entre los poderosos y los menesterosos; no estaban en un lugar cualquiera y podían pedir limosna a los ricos mercaderes que pasaban por su pueblo.

Toda esta movida estimulaba el crecimiento de las poblaciones donde paraban las caravanas. Se incentivaba el comercio, todo tipo de transacciones de mercancías, y hacía prosperar a la gente.

Y como consecuencia de ello, actualmente disponemos de una extraordinaria cantidad de monumentos: románicos, góticos, renacentistas, barrocos y neoclásicos básicamente; porque en los siglos IXX y XX se reforzaron y se potenciaron mucho estas vías de Santiago, que además dan riqueza a unos territorios  que sin ellos tendrían pocos medios de subsistencia; y que hoy en día viven mucho del turismo.

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El Camino de Santiago

Fue una importante vía de peregrinos, que comenzó a existir ya en el siglo IX y continúa activa.

Por esta ruta llegó toda una influencia forastera, que de alguna manera culturizó a su población, dándole además un nuevo vigor económico. El hecho de ver pasar por el pueblo a tanta gente diversa cada día del año, hiciera calor o frío; nevara o lloviera, provocó un nuevo espíritu en esas poblaciones.

En ellas las actividades comerciales se incrementaron, porque los peregrinos necesitaban toda una serie de cosas a lo largo de su viaje: descansar, comer, dormir, asearse, curarse, rezar…Todo ello movía una parafernalia digna de mención.

Como el Camino era peligroso, la Iglesia ideó crear unas órdenes de caballería que actuaran para proteger la seguridad vial; dado que en la mayoría de lugares no existía una policía suficiente, estos monjes guerreros, como los Templarios o los Calatrava, actuaban como policías, en defensa de los viajeros.

El nivel de organización fue tan elevado porque se destinaron muchos recursos para ello. Se construyeron infinidad de iglesias, conventos, capillas, distribuidas a lo largo del Camino. Para que los fieles pudieran hacer altos y rezar.

También había que poner en marcha casas de posta para cambiar los caballos, descansar, comer, dormir…Muchas veces algún peregrino enfermaba y necesitaba tener cerca un hospital; un lugar donde curarse; otras veces eran heridos, por un asalto o por un simple accidente, como una caída del caballo.

En el siglo XII se publicó el Codex Calixtino, que era una guía turística específica. En ella se puede obtener mucha información, punto por punto. Casas, iglesias, hospitales, cementerios…Incluso lleva detalles sobre seguridad, con muchos consejos para que los peregrinos no sean incautos y les estafen.

Se daba el caso de que había posaderos que robaban a la clientela, dándoles una mala comida o una cama incómoda; en algunos sitios se cobraban unos precios abusivos; los mendigos profesionales también eran un peligro. Y finalmente los atracadores, salteadores de caminos que robaban y asesinaban a sus víctimas. De todo esto previene el tal Codex.

Pero dejemos atrás la historia y vayamos a describir brevemente cómo podía ser la parada en  un pueblo de la costa asturiana de uno de estos peregrinos:

Joan venía de Barcelona, la gran ciudad comercial mediterránea. Había pasado por Aragón, por Navarra y por parte de Castilla; y había reseguido la costa del Cantábrico; el País Vasco, Cantabria y finalmente Asturias.

El largo camino realizado le había deparado muchas sorpresas, no siempre agradables. Viajaba solo, cosa harto peligrosa y poco aconsejable. Y aun así, no había sufrido ningún asalto, entre otras cosas porque iba disfrazado de pobre. Y no resultaba un blanco deseable. Los bandoleros pensaban que era un desgraciado que no tenía donde caerse muerto y lo dejaban pasar tranquilamente. Además, iba siempre a pie; no podían ni siquiera robarle un caballo.

Era joven, desde luego, un chico alto, moreno y delgado; se le veía corpulento y parecía fuerte y decidido. Además no tenía nada de tímido; al contrario, era un parlanchín incansable. Cuando entraba en una taberna, en seguida estaba charlando con alguien; era muy abierto.

No llevaba dinero y su sistema era irse ofreciendo como mano de obra por todos los sitios en los que pernoctaba. A cambio de comida y cama cortaba leña, o servía las mesas, o limpiaba, o etc., etc.

Por todo ello no era apetecible para los bandidos. Y así había llegado sano e incólume hasta muy lejos; y seguro que visitaría Santiago y que volvería a su ciudad natal. Su caso no era lo normal, desde luego, porque lo usual era que la gente iba protegida por una escolta; y aun así, a menudo era asaltada y asesinada.

Los malhechores no podían dejar constancia delatora de sus fechorías; por ello acostumbraban a no dejar a nadie con vida que pudiera contarlo. Fueron muchas las personas que perdieron la existencia a lo largo del Camino; los cementerios contienen abundantes tumbas de ellos; y más numerosos aún serán los que no fueron enterrados en tierra cristiana, porque no fueron hallados.

Pero volvamos a nuestro viajero; en cuanto llegó a una población de la costa se fue al puerto y vio como llegaban las barcas de pescadores llenas de carga. Y se ofreció a ayudar a descargarlas, cosa que hizo y le pagaron bien por ello.

Acabado el trabajo, se fue a una playa cercana y allí encendió un fuego para cocinar los pescados que le habían dado. Tras una buena cena se echó una manta encima y se dispuso a dormir; era el mes de julio y hacía bastante calor.

Al despuntar el alba se levantó, comió el resto que había quedado de la noche anterior y siguió su camino.

EL MACHISMO

El  MACHISMO

A MODO DE CONCLUSIÓN

Y es un problema que no tiene visos de final, por desgracia. No hay más que mirar las noticias: cada día mueren muchas mujeres a manos de hombres tarados y la justicia resulta insuficiente para atajar ese asunto. Es un tema de formación: se educa de manera distinta a los críos, en función de su sexo.

Y eso pasa en todas partes, en todas las culturas, por más que en algunas se intente corregir; en otras, en cambio, se sigue manteniendo esa tradición secular, como si fuera pan de vida. La violencia de género está enquistada de manera profunda.

En ciertos ambientes la mujer ya nace predestinada al sufrimiento y la opresión, por el simple hecho de no ser hombre. ¡Una lástima! ¡Hay que luchar contra ello, redactando unas leyes específicas más modernas y haciendo que se cumplan!

Hay que tener en cuenta que existen dos clases básicas de delincuentes: Los que cometen un delito directamente y los que lo contemplan y no lo denuncian, convirtiéndose en cómplices. Y digan lo que digan ciertas leyes, un delito siempre será lo mismo y nunca será ni olvidado ni liberado de castigo.

Y hablando de delitos, quienes tienen en su poder castigar-denunciar y no lo hacen, también son delincuentes. Aquí no valen las medias palabras ni las excusas de ningún tipo.

¿SEGUIRÁ?

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EL MACHISMO

EL MACHISMO CONTINUACIÓN

—Su madre tiene mucho trabajo en la imprenta en la que trabaja y su padre también; y están siempre fuera; la mitad de las veces creo que ni se enteran de si ella ha salido o no.

—Va muy por libre, demasiado suelta esa…

—Sí, cualquier día tendremos que lamentarlo, ya veréis; se meterá en algún lío y acabará mal.

¿Bastan estos ejemplos como muestra? El tema del machismo es una lepra que llevamos encima desde que existe la humanidad, seguramente. Salvo raras excepciones, como los etruscos o alguna cultura del Pacífico como las islas Trobrian, hemos mantenido esa insuficiente educación hasta nuestros días.

CONTINUARÁ

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EL MACHISMO continuación

EL MACHISMO Continuación

CAPÍTULO  VII   FINAL

Finalmente asistamos a otra prueba estelar:

En una calle cualquiera de un barrio cualquiera de clase media, un grupo de vecinas está de charla:

—¡Parece mentira como va siempre la Juanita esa! ¿cómo es que la dejan vestirse así? Si parece una ramera, con esa minifalda tan descarada y ese escote tan abierto…

—Es verdad, da vergüenza mirarla; y además siempre lleva esos peinados tan rebuscados…

—Y va pintada como una mona; si yo fuera su madre, le lavaba la cara antes de dejarla salir.

SEGUIRÁ

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EL MACHISMO

EL MACHISMO   CONTINUACIÓN

—Hola, ¿qué hacéis? —estamos dando una vuelta por aquí.

—Yo también, no me gusta salir de clase e irme directamente a casa. Anda, que menudo hueso el de Mates, se nos va a cargar a todos.

—Pues a mí me gusta, explica bien—yo no entiendo nada de lo que dice; menos mal que luego tengo la clase de repaso, que sino…—replica el chaval.

—Pues las Mates me gustan mucho, si quieres puedo ayudarte; podemos ir un día a la biblio y trabajamos allí—bueno, sí, pero es que me da tanta pereza…que prefiero dar un paseo, la verdad.

                                                                                                            CONTINUARÁ

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EL MACHISMO

CONTINUACIÓN

Cambiemos nuevamente de sitio y momento:

Dos jóvenes, de unos quince años, pasean por el parque charlando de sus cosas; llevan sus mochilas porque salen de clase y han decidido dar una vuelta antes de irse para casa:

—¿Tú crees que le gusto? — seguro que sí, ¿has visto la forma en que te mira?

—Cuando lo tengo cerca no sé qué decir, parezco tonta—tu procura mostrarte tal como eres y ya está.

De pronto, un chico aparece de detrás de un seto, las ve y se acerca a ellas:

SEGUIRÁ

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EL MACHISMO continuación

MACHISMO  CONTINUACIÓN

—Eso es lo que digo yo, claro que sí—comentó el del puro.

—Pero qué brutos que sois, ¿no os dan pena esas chicas que son asaltadas y violadas? ¿Es que os da igual? ¿Qué haríais si se lo hicieran a vuestras madres, hermanas o hijas?

—A mi hija no la toques, que eso es sagrado; a mi hermana me da igual, ya es mayorcita—repuso el fumador. A mi hija yo no la dejo salir de noche, máximo a las ocho ha de estar en casa, sino la castigo quince días encerrada.

—¿Y tu hijo? — ¿qué pasa con él? —pues eso, si le dejas salir por la noche.

—Sí, claro, mientras lleve condones y vaya con cuidado, ningún problema.

CONTINUARÁ

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EL MACHISMO

CONTINUACIÓN

SIGUE MACHISMO

—Mira que eres bestia, Iñigo—Dijo un tercero, más joven, vestido en plan esport con vaqueros y camiseta con los colores de un equipo de fútbol.

—Mira, chaval, aún eres muy joven y sabes poco de la vida. A mí me tenían que venir con esas historias…—replicó el del cigarro.

El dueño del bar intervino entonces en la discusión:

—Desde luego hay muchas chicas de esas tan jóvenes que deberían estar en su casa en vez de andar por ahí de bureo. Luego pasa lo que pasa, ya veis.

CONTINUARÁ

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CAPÍTULO  VI

Busquemos un nuevo ambiente:

— ¡Fíjate, dice que la violaron entre seis y luego la abandonaron en mitad del bosque! —decía un viejo arrugado que se tocaba con una boina y blandía un garrote en la diestra.

—Algo haría ella, seguro que los provocó; si es que todas son unas zorras—opinó el que tenía al lado, un hombre de aspecto cuarentón, trajeado y con corbata; en una de sus manos sostenía un cigarro ostentoso. Lucía además un reloj dorado y llevaba varios anillos grandes.

CONTINUARÁ

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